Virtud vs bajas pasiones

Virtud y bajas pasiones

Robespierre  fue un defensor de la virtud. El francés aspiraba a un mundo mejor partiendo de una fórmula aparentemente sencilla. “Sustituir el egoísmo por la moral, el honor por la honradez, las costumbres por los principios, el amor al dinero por el amor a la gloria, y un pueblo frívolo por un pueblo feliz; aunque producirlo sea terrible”. 


Su propuesta es la contraparte de  la visión social expuesta por Bernard Mandeville en 1705, casi un siglo antes de la Revolución Francesa, quien consideraba totalmente lo contrario.   


“La prosperidad social sólo es posible con acciones individuales movidas por resortes egoístas, por la búsqueda de placeres suntuarios y por la satisfacción de pasiones bajas y deshonestas. No hay ningún motivo para creer que la prosperidad sea la recompensa de la virtud”.  


Las dos disyuntivas permanecen en la actualidad en el debate sobre los fundamentos que impulsan el desarrollo de la sociedad.  Si observamos el mundo moderno podemos comprobar que se ha construido sobre estas dos teorías, la de Mandeville y la de Robespierre.  Dando a cada uno un ámbito de funcionalidad diferente. 


Aprovechando ambas visiones podemos hacer las siguientes preguntas. ¿Puede la moral sustituir con efectividad la política sin engendrar monstruos?  ¿Es cierto que estamos hecho de una madera tan retorcida que no puede tallarse nada enteramente recto? ¿Vivimos tiempos tan difíciles en donde la moral no recobra su atractivo? ¿O es que en definitiva somos exactamente todo aquello contra lo que luchamos durante la juventud? 


Para sacar conclusiones medianamente razonables es importante deshacernos de la visión que tenemos de uno de los protagonistas. Dejar de lado el Robespierre revolucionario, implacable,  capaz de matar sin ningún tipo de escrúpulo y enfocarnos en su propuesta desde el punto de vista filosófico.  Además, no todos comparten la misma óptica sobre el personaje.  


Ahí está el caso de Melbourne Peter McPhee; un historiador australiano de la Universidad de Melbourne, que defiende a  Robespierre contra viento y marea porque su imagen “está cargada de injurias''. 


Según Melbourne, son muchas las mentiras vertidas a lo largo de más 200 años sobre el francés.  No sólo en la historia, también en la filosofía, en el cine y en la literatura. Incluso en el urbanismo. Porque es el único personaje  en el devenir de Francia, de acuerdo a su apreciación, que no cuenta con una calle a la altura de su leyenda. Y agrega: 


“Él fue uno de los grandes demócratas de la Historia, apasionado, comprometido con los derechos humanos y con la participación en la vida pública de todos los estratos de la sociedad. Entendía mejor que nadie  la participación popular y el respeto a los derechos políticos completos de toda la ciudadanía, y no solo a la nobleza y el clero”.  


Sin embargo, los resultados de la gestión de Robespierre fueron espantosos. Quizá porque como él mismo decía  “la virtud sin terror es impotente” y se vio obligado, una vez en el poder, a apretar la tuerca hasta romper la rosca. 


Fue así como impulsó la ley de “Sospechosos”, proyectada para reprimir fácilmente a los enemigos de la Revolución. Al mismo tiempo, concedió facultades policiales a las sociedades populares y creó el Tribunal Revolucionario que, junto a la milicia, repartía castigo a los “reaccionarios”. 


En menos de dos meses mató en la guillotina a alrededor de mil 400 personas. Nadie podía sentirse a salvo.  Hasta que la Convención decidió que no era posible continuar con aquella locura y lo arrestó. Posteriormente Robespierre fue condenado a morir guillotinado, bajo la acusación de pretender establecer una dictadura. Murió de la misma manera en que condenó a muchos otros a morir. 


Por su parte Bernard Mandeville, filósofo, médico, economista político, investigador y satírico neerlandés, que vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra, expresaba ideas en donde existen dos tesis superpuestas. Tal vez una más peligrosa que la otra. 


La primera trata de cómo las consecuencias sociales de las acciones individuales son en general impredecibles y fructíferas. La segunda, que los propósitos malos o despreciables producen en general consecuencias buenas y valiosas. Una tesis que nunca ha dejado de suscitar escándalo, pero a la vez seducción. De aquí sale la frase de “vicios privados, beneficios públicos”


Mandeville publicó en 1705 la primera edición de  La colmena refunfuñona. Un poema un tanto largo acerca de una analogía sobre la sociedad de aquel entonces, transformada en una fábula sobre abejas. El propósito era explicar lo que pretendía decir a sus detractores, quienes según él, no habían comprendido bien el mensaje que trataba de comunicar con su fábula. El poema comienza hablando sobre las abejas, pero realmente es una sátira del sistema corrupto inglés.  


Lo que Mandeville siempre trató de comunicar es que el mal comportamiento de algunos individuos, puede llevar a una mayor prosperidad colectiva.  Porque toda sociedad necesita algún grado de ilegalidad o criminalidad. De manera que, a medida que un pueblo posee más virtud, es más pobre que aquel que tiene de todo, incluyendo lo peor de los seres humanos. 


Básicamente en su obra Mandeville nos hace una comparación de la sociedad inglesa de la época y ciertas abejas de un panal, que como toda fábula, gozaban de cualidades humanas, en este caso la capacidad de hablar.  Allí las abejas querían una sociedad justa y perfecta en la cual no existieran los vicios y los delitos. 


Como consecuencia de aquella sociedad libre de vicios, hubo un desajuste que desembocó en el mal funcionamiento de los organismos sociales. Porque sin delitos no hay cárceles, sin cárceles no hay constructores, sin oficio para los constructores no hay ingresos económicos, y poco a poco la sociedad colapsa por la falta de irregularidades. 


Resumiendo, Mandeville pensaba  que sin los vicios de unos pocos, no existe el trabajo de la fuerzas que pretenden el bienestar de determinada sociedad, y sin esa búsqueda del bienestar, la sociedad está destinada a colapsar. Por lo tanto, son las acciones individuales de unos pocos viciosos lo que fomentan el buen funcionamiento social. 


¿Virtud o bajas pasiones? Ahí lo dejo.