Protestas en tiempos de dictadura

 

Las protestas en los regímenes totalitarios  siempre acarrean las mismas consecuencias.  Un entusiasmo inicial, la espera de una ayuda internacional que nunca llega y la dispersión ante la represiva respuesta que concluye con decenas de muertos.  La declaraciones internacionales son parecidas;  ONU: “Observamos de cerca los acontecimientos”, USA: “ Estamos muy preocupados con lo que está sucediendo”, UE: “Hacemos un llamado al entendimiento pacifico…”


Lo único que no falla es el accionar de las armas.  En Birmania  las fuerzas de seguridad dispararon a los manifestantes “por la espalda y en la cabeza” y mataron a 114 personas en un día en unas 40 ciudades. Durante las protestas en Venezuela de 2017  en una semana se contabilizaron entre 127 y 157 muertes incluyendo niños, dependiendo de las fuentes. En Nicaragua, según La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos, en tres meses de manifestaciones el número de personas muertas se elevó a 684. Las manifestaciones  de Bielorrusia, que algunos denominan «la revolución de las zapatillas» le costó la vida a decenas de personas.  En Cuba, ya han empezado a matar. 

Irónicamente todos los que han reprimido con violencia las manifestaciones continuan con la sarten por el mango. Sembrando un precedente que se repite y repite. Incluso   los organismos internacionales, cuando baja la marea, buscan sentarse a hablar con los dictadores que atacaron a su pueblo y no debe ser así. Pero es el modus operandi​ que hemos visto en los últimos tiempos. 


Cuando mucho,  en algunos países aparece una simulación de condena contra los represores. Que va desde la suspensión de una visa (que no necesitan)  hasta la congelación de bienes que pasan a ser manejados por la familia. Por tanto, el castigo vale menos que un alfajor duro y viejo. Los dictadores siguen felices y más fortalecidos después de ese tipo de condena. Es como un simulacro de sanción. No hay mano dura contra los asesinos.


Ahora llegan las protestas pacíficas cubanas.  Es demasiado pronto para saber si tendrán éxito o no.  Es cierto que cada país es diferente, a causa de su historia, economía, geografía y creencias. Por esto, en las dictaduras no existe un hilo conductor. Sin embargo, los gobernantes cubanos sí conocen muy bien los resultados de otras represiones e intentarán buscar las mejores semejanzas. 


En el caso de Cuba ha sido demasiado importante el grito de rebeldía de los manifestantes. Más que en cualquier otra parte del planeta. Porque el mundo estaba acostumbrado a escuchar “en Cuba no pasa nada”. Ahora hasta los esquimales sabrán que sí pasan cosas, y muy graves.  Ya eso, de por sí, es un gran  triunfo.  Más allá del resultado final. Además, el ejemplo que están dando estos jóvenes puede llegar a ser también una inspiración para sus similares en otros países latinoamericanos. Ante estos muchachos hay que quitarse el sombrero.


Las protestas comenzaron en San Antonio de los Baños y se expandieron como una ola por el resto de Cuba. Inmediatamente y como se esperaba el gobierno inició la restricción  del servicio de internet y el bloqueo selectivo de redes sociales. No obstante, hemos podido ver lo que estaba sucediendo en varios puntos del país. Las transmisiones más comunes se hicieron a través de Facebook Live, algo conocido por los cubanos como "la directa". Si algo debemos resaltar, es que el pueblo ya ha perdido el miedo.

 

Es bueno acotar que ahora los turistas extranjeros deben pensarlo dos veces antes de hacer un viaje a Cuba . Hay demasiada rabia reprimida (con toda razón ) durante más de medio siglo y no sabemos cómo va a ser canalizada. Incluso los hoteles de lujo no aptos para cubanos deben encender las alarmas. El horno no está pa' galletitas.