Los mirahuecos

Filiberto Mino

La casa era de madera. Las paredes estaban muy maltratadas. Las rendijas formaban parte de la estructura. Ella lo sabía,  y aun así, le gustaba andar con poca ropa.  No se percataba, o sí lo hacía, que su comportamiento podía  incentivar  el sexo por imaginacion.

El vecino al verla, subrepticiamente, alborotaba un tumulto erótico en su mente. Sin códigos, sin permisos, sin previa negociación. La dificultad comenzaba cuando el tipo se aproximaba demasiado al pequeño hueco que había seleccionado. En ese instante la atmósfera encendida aporreaba la discreción.  Los preceptos sociales iban quedando  relegados al ámbito de lo privado, de lo particular, de la subjetividad.  Incluso llegaba a suponer que ella se daba cuenta de su presencia.   A este tipo de actividad los “finos” le llaman  voyeurismo. En los barrios  le dicen  mirahuecos.  

El voyeurismo tiene su origen en Egipto alrededor del año 2600 a.C. El primer episodio que se conoce ocurrió durante una “Fiesta de Renovación”. Una actividad social que consistía en la coronación del Faraón como Rey. En medio de la ceremonia un sacerdote que presidía el cotejo, se escondió detrás de una cortina para observar las piernas de las mujeres descuidadas.


La contemplación le produjo un flujo de pensamientos perturbadores que impulsó su imaginación a galopar por los campos de la fantasía. Y cuando sintió la necesidad de encontrar un punto de apoyo, se masturbó.  Al hombre lo quemaron vivo.    

En España también surgieron numerosos mirahuecos en esa época. Es allí donde comienza a ampliarse los recursos. Los españoles complementaron la jugada mediante  la penumbra, las ventanas, los árboles, los descuidos. Varios siglos más tarde  divulgaron  sus “habilidades” en nuestra región.Y ya para el siglo XX aparece oficialmente el rascabucheador de “oficio”en todas partes.

Una las característica de los mirahuecos  es que habitan en cualquier extracto social. No tiene distingo de clases. Desde el millonario que espía a la empleada, hasta el borrachito que se arrastra por la hierba de un parque para escudriñar una falda.

De este fenómeno no escapan ni los religiosos. Existen numerosos casos de curas que se han convertido en verdaderos profesionales y han hecho historia debajo de las escaleras. 

La costumbre ha ido pasando de generación en generación. El niño aprende escuchando los cuentos de familia: el tío que mira desde el techo, el primo que trepa un árbol, el vecino que no pela una ventana entreabierta, etcétera.  Y como al menor no se le reprime por esta actividad, vista incluso con cierta admiración, adquiere facultades asombrosas.

Desde   pequeño  aprende a ser furtivo, silencioso. Se maneja con audacia por  los tejados, los callejones oscuros, las casas viejas. Por eso nada emociona más a un adolecente cubano que una casa de madera vieja con varias mujeres  dentro. Pues sabe que  las frágiles paredes que soportan el tejadillo inclinado y las ventanas estropeadas por la humedad, pasarán a ser sus mejores aliados. Sin importarle los riesgos o las endemoniadas esperas. Pues un mirahueco juicioso y bien disciplinado nunca tiene prisa.

Algunos especialistas se empeñan en definir el voyeurismo como una "patología psicológica". Otros en cambio, aseguran que es  un empeño  social de quienes eludiendo los compromisos,  prefieren una relación visual. Y que  si el voyeurista es evasivo en su conducta, es por precaución  ante  los chismosos. Ya que  la gente  se burla  maliciosamente cuando ve pasar a alguien  identificado con esta manía.

De cualquier  forma, los voyeuristas   continuarán con  el desafío aunque no reciban un consentimiento social. Utilizarán  el mismo medio prohibido que viene desde la antigüedad para calmar  los deseos.  Con ello  creen apuntar  la majestuosidad de lo bello como un sobrante que  obliga a disimular  las conjeturas.


“La vida en la tierra sale bastante barata.

 Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.

 Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. 

Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo”. 


Wislawa Szymborka

Poetisa polaca