El enigma de Rudolf Hess

 El enigma de Rudolf Hess

Rudolf Hess era un excelente piloto. Hablaba perfectamente el inglés. Tenía una educación digna de “King's College London”. Un campesino escocés llamado David McLean vio estrellarse su avión una madrugada. El militar pendía de un paracaídas. Bajaba con su uniforme del Tercer Reich. El incidente ocurrió a unos doscientos metros de su casa. Todo sucedió en un dos por tres.

Cuando llegó a tierra Hess le tendió la mano al sorprendido aldeano. Sin embargo, McLean nunca imaginó que aquel hombre que lo saludaba formaba parte de la alta nomenclatura alemana. Era nada más y nada menos que el lugarteniente (Stellvertreter des Führer) de Adolf Hitler. Además, miembro del Consejo Secreto del Gabinete (Geheimer Kabinettsrat ) y del Consejo de Ministros de Defensa del Reich (Ministerrat für die Reichsverteidigung).

El campesino lo invitó a su casa y le ofreció un té. El alemán sólo le aceptó un vaso de agua. Allí permaneció hasta que llegaron las autoridades. Hess fue conducido a Busby y encerrado en el cuartel de la Home Guard. Todavía son muchas las preguntas que los estudiosos se hacen con relación a este hecho. ¿Qué buscaba Hess con ese viaje? ¿Hitler estaba enterado? ¿Fue engañado por los servicios británicos? ¿Trató de salvar su vida? ¿Qué sabemos en realidad? 

Hess había despegado de un aeropuerto privado. Perteneciente a la firma Messerschmitt. El avión Me-10, era el modelo más avanzado de la compañía que entonces iba a producirse en serie. Su secretaria Hildegard Fath reunió los datos sobre las condiciones meteorológicas. Él hizo las cartas de navegación y las estudió. Habló con Elly Messerschmitt para que le permitiera probar el nuevo modelo de caza.

“Me negué a ello al principio, pero como Hess insistiera y señalase que su opinión de experto le concedía este derecho, le di autorización para volar”. Declaró Messerschmitt posteriormente.

El duque de Hamilton contó que examinaron los objetos que portaba en el momento de ser capturado: una Leica, fotografías familiares, medicamentos, etc. Luego se entrevistó con Hess a solas. El alemán le dijo que lo había conocido en la olimpiada de Berlín y que habían almorzado juntos. "No sé si me recordará usted, pero soy Rudolf Hess y vengo en misión humanitaria”.

El duque de Hamilton llamó a Winston Churchill. Le comunicó la noticia. Su impresión personal era de que el hombre no estaba muy bien de la cabeza. Luego varias personalidades británicas se entrevistaron con él. Churchill contó en sus memorias:

"Así me enteré de la sensacional noticia. Hubiera experimentado la misma emoción si mi compañero de gabinete, nuestro ministro de Asuntos Exteriores Eden, se lanzase de pronto en paracaídas desde un "Spitfire" en las cercanías de Berchtesgaden".

Más tarde dio las siguientes órdenes: "El señor Hess debe continuar a disposición del Ministerio de la Guerra como prisionero de guerra, lo que no excluye que posteriormente pueda ser acusado de delitos políticos”.

No pocos consideran que Rudolf Hess mordió el anzuelo lanzado por los servicios británicos. Hablan de que todo fue una estrategia de los ingleses para eliminar a Hitler tratando de convencer al entorno. Por tal motivo se le hizo creer de que existía una facción en Inglaterra a favor de la paz,(que tampoco querían a los judios) que deseaba trabajar junto a los alemanes. O sea, ofrecían un punto de encuentro que Hess percibió como atractivo.

Inventaron un partido en Londres que abogaba por cerrar el capítulo de la guerra y entablar de nuevo buenas relaciones entre las dos naciones. Difundieron que esta agrupación política contaba con un enorme respaldo popular. Mientras que los Servicios Secretos británicos filtraban el rumor que el Gobierno inglés se mostraría receptivo a unas negociaciones si Hitler se aviniese a un encuentro.

Otros creen que fue un gesto de audacia que lindaba con la locura. Porque decidió, él solo, llevar hacia adelante una tregua entre Inglaterra y Alemania. Sabiendo que era un anhelo de Hitler. La idea era un disparate a todas luces. Pero aún así, Hess entrevió una posibilidad de paz con los ingleses.

Para la jerarquía alemana Hess tenía a veces un comportamiento errático y extraño. Algunos lo veían como un tipo raro, a pesar de que Hitler lo mantenía en su círculo más íntimo. Sin embargo nadie puede explicar cómo fue posible que un hipocondríaco sin límites como Hess, un tipo que antepuso su salud a la bebida y el tabaco, que llegaba a prepararse la comida en su casa cuando sabía que le tocaba almorzar fuera para evitar contagiarse, decidió la suicida acción.

La reacción de Hitler ante la gesta de su lugarteniente nunca se ha aclarado: unas versiones defienden que le acusó de loco y le relevó de todos sus cargos, mientras que otras apostillan que el Führer tomó la decisión de Hess con total tranquilidad.

En la Unión Soviética el vuelo se interpretó como un alarde del racismo germánico. En el Kremlin de Stalin creyeron que Hess no buscaba la paz, sino la paz con el Reino Unido. Una paz en Occidente que permitiese al nazismo concentrar sus objetivos de extermino y genocidio.

Lo cierto es que Hess fue acusado de ‘crímenes contra la paz’ y condenado a cadena perpetua. Jamás volvió a salir. Se mantuvo en prisión hasta que se ahorcó el 17 de agosto de 1987. Contaba con 93 años a la hora de su muerte.