Carl Jung, Sabina y Freud

Carl Jung, Sabina y  Freud

En la película Un método peligroso (A Dangerous Method) se  proyecta muy bien la relación de Sabina Spielrein con Carl Jung. Esta conexión es clave para entender un poco más al psicólogo y discípulo de Sigmund Freud.  Y aunque ya se conocían algunos detalles  a través de la correspondencia  que mantuvo con su maestro,  la cinta cinematográfica ofrece más luces. Las cartas que habían sido traducidas y publicadas en la década de 1970  no abarcan todo el espacio que nos ofrece el cine. Sabina  fue amante de Jung cuando apenas tenía 18 años y luchaba contra sus problemas de comportamiento. 


Cuando Jung le comentó a Sigmund Freud sobre la “soñadora” y “sensual” mujer, el padre del psicoanálisis lo aconsejó a través de sus herramientas preferidas: complejo de Edipo, complejo de castración y toda su verborrea sobre el sexo. Sin embargo, Jung prefirió buscar respuestas  en la parapsicología y los llamados “fenómenos ocultos” . Dos elementos que más tarde defendería “a capa y espada”.

Sabina Naftulovna Spielrein nació en la Unión Soviética. Fue una psiquiatra y psicoanalista rusa de origen judío, y una de las primeras mujeres en la historia del psicoanálisis. A la edad de 18 años  fue internada en una clínica psiquiátrica en Zúrich por problemas emocionales.  No olvidemos que todos los psicoanalistas son un poco loquillos. 


 Allí permaneció desde el 17 de agosto de 1904 hasta el 1 de junio de 1905. En dicho hospital conoció a Carl Gustav Jung.  Él la atendió personalmente. La chica padecía crisis depresivas por trastornos de la afectividad. También recibió tratamiento psicoanalítico contra la histeria. 


Según describe Jung en sus notas, sus padres eran histéricos e impulsivos. Sobre todo el padre. La madre aparece descrita por Jung como “una mujer infantil que a veces tiende a rivalizar con su hija”. El tratamiento fue exitoso. Pero además, terminaron siendo  amantes.​


Sabina fue el caso clínico que Jung usó como excusa para iniciar su correspondencia con Freud en 1906. Aprovechando las dudas que le generaba “cierta paciente rusa”, inició un acercamiento epistolar con Freud pidiéndole asesoría.


  Mucho tiempo después sería la propia Sabina quien escribiría a Freud para informarle de “la torturada relación que mantenía con Jung”. Con el tiempo, el amor se desbordó y Jung toma distancia. El affair concluye en 1909. Ahí parece iniciarse también el alejamiento entre Freud y Jung, que pondrán fin a su amistad en 1913. 


Freud y Jung coincidían en pensamientos y planteamientos teóricos.  El suizo  fungió como una figura clave en los inicios de Jung.  Incluso lo denominaban  públicamente como “el sucesor del maestro”. Sin embargo, él fundó su propia escuela de “psicología analítica”. Basada en un estudio más  profundo de la mente. Además,  creó una visión que  toma en cuenta el espíritu.


Jung creía que el inconsciente puede conectar con otros niveles superiores que no están  sometidos a nuestras leyes e intentó demostrarlo. Teniendo en cuenta que no hay pensamiento científico independiente del carácter, de la fe, de lo subjetivo en general. Lo cual lo obligó a  ir más allá de la  “psicología científica.”.


Jung enfocó también su mirada  hacia la niebla de la superstición y al hacerlo le da vida al mundo espiritual  de las personas.  “Si no se bebe en las capas profundas de la psique el espíritu humano permanecerá, sin duda alguna, como en el aire”, sugería el psicólogo.


Carl Jung creía en la realidad objetiva de los fantasmas. De hecho, instaba a sus discípulos más cercanos a interpretar los  sueños.  Como un método para distinguir  las personificaciones oníricas que se quedan en el plano simbólico. Experiencias que forman parte de la piedra angular de sus estudios. 


Él contaba que una vez, mientras pasaba una noche de fin de semana en una granja en Inglaterra, empezó a escuchar extraños ruidos de golpes y goteos.  Cayó en una especie de parálisis ( reconocido como un fenómeno íntimamente relacionado con experiencias de extraña procedencia) y se le apareció la mitad de una cabeza femenina que le provocó tal terror, que tuvo que pasar el resto de la noche sentado, incapaz de volver a la cama. Posteriormente le explicaron que aquella granja estaba “encantada” y ahuyentaba a todos sus inquilinos.


En la torre de Bollingen fue protagonista de una señal que lo confunde sobremanera. Una madrugada sintió un ruido de música y jolgorio procedente del exterior. Se levantó  de la cama y se puso a mirar por la ventana. Pero no encontró nada.  Consciente de que la experiencia no era un sueño, cerró brevemente los ojos y obtuvo la representación visual de centenares de figuras vestidas con oscuros ropajes. Los asoció con la idea de que fueran duendes, pero sin mucho convencimiento.


El gran mérito de Jung es la interpretación de los sueños con argumentos místicos que van más allá de la psicología. Un fundamento que no  debe excluirse a pesar de las contradicciones que existen al respecto. Quizás un día descubramos que hay revelaciones oníricas  más importantes de lo que sospechamos. 


Lo que sí queda claro es que a partir de Jung  nace una nueva  responsabilidad en el ámbito de la psicología. A través de sus escritos,  vivencias personales y conversaciones con sus pacientes, podemos entender  que  cultivó el conocimiento místico entrelazado con aspectos  psicológicos.  Es una lastima que de la mayoría de sus escritos se han eliminado  frases y anécdotas. 


“Así como el cuerpo humano muestra una anatomía general

por encima y más allá de todas las diferencias raciales,

también la psique posee un sustrato general que trasciende

todas las diferencias de cultura y conciencia,

al que he designado como inconsciente colectivo”

Carl Jung