Los adivinos

 

Filiberto Mino
Los adivinos  están de moda. En los medios de difusión han encontrado un buen refugio. La lista en este  arte  es larga. Existen  “sabios”, “niños prodigios”, brujos ,  astrólogos express,  agoreros de barrio.  Y como la mayoría de la gente cree en lo que le ofrece  esperanza, pues nada, el negocio marcha sobre ruedas. 

 Un grupo que ha tenido  mucho éxito  son los expertos en tarot  y quiromancia. Y están en todas partes. Dígame cuando esa señora de vestido largo y mirada embrujada te detiene en una plaza o en un parque para decirte tu  pasado y tu  futuro por solo $5 dólares. Porque hasta los adivinos ofrecen  especiales


Tal vez me equivoque, pero creo que al paso vamos, no quedará un casino abierto.  Cuando este contingente de “encantadores” le de por arruinar el juego no dejarán  títere con cabeza. Hasta el Mega Millions y el Powerball  pedirán  clemencia. Y lo voy a disfrutar, porque la lotería ha sido implacable conmigo.

El fenómeno ha existido siempre. La diferencia está en que ahora tienen acceso a los medios y se dan a conocer con mucha facilidad. Además,  como los dueños de la prensa, radio y televisión han visto  que al cuentecito se le puede sacar lasca,  no han dudado en ofrecerles espacio para que hagan sus profecías. Ellos saben que siempre habrá gente que lee su signo zodiacal y espera pacientemente  a que el sabio de turno le aclare su destino. Si de 100 predicciones el vidente  acierta  tres, será suficiente para que crezca su fama. Total, nadie  le parará bolas a los desaciertos. Esos no cuentan.


En la antigüedad los bravos eran los griegos. En aquel tiempo los adivinos (le decían mantis)  no solo se adelantaban al futuro, sino que también  ofrecían una vida feliz en el más allá dado su conexión con los dioses. Sin embargo, cada uno tenía su especialidad. Los “Atmosféricos” predecían la lluvia, el trueno. El “Visual” te ponía en alerta  por cualquier encuentro inesperado, sobre todo por la mañana al salir de casa y te daba la receta para el buen augurio. Y los “Animaleros” (este mote lo pongo yo) que presagiaban observando a los animales. Por ejemplo el vuelo de los pájaros, sus gritos, la forma de mover la cabeza. 


Algunos  consultaban el futuro en las entrañas de los animales. Después los romanos refinaron estas técnicas para contestar todas las preguntas. El arúspice era quien se encargaba de examinar los órganos de un animal recién sacrificado.  Principalmente se empleaban gallos o cabritos. Una vez abierto, el adivino observaba los  lóbulos del hígado, la vesícula biliar, las venas,  para encontrar ciertas señales. Por ejemplo, las marcas o manchas en el lado izquierdo de estos órganos eran un mal augurio, mientras que del lado derecho era una pista positiva, todo dependía también del color, aspecto y la posición del hígado.   


Imagínate  a un vidente abriendo a un animal por la mitad para encontrar las respuestas a todas tus interrogantes sobre el futuro. El perfecto  guión para un film de terror. Pero hoy los métodos han cambiado. Existe una mayor sensibilidad.  Las predicciones ahora se hacen con caracoles, café, cartas o simplemente mirándote a los ojos.


Los seres humanos  tenemos consciencia del presente y el pasado, pero no del futuro. Esto genera  un enorme sentimiento de curiosidad  y muchos acuden a los videntes para recibir una probadita  del por venir  e incluso de conocer las respuestas a preguntas específicas sobre su vida. Además, a todos nos preocupan la salud, el dinero,  el amor. O sea, que estas cosas tienen su atractivo.


La suerte es que la tarifa de los adivinos varía de acuerdo a la persona. La presencia juega su papel. Y es importantísimo porque también sirve para enrumbar el discurso del vidente. Si  llega en un buen carro y bien vestido, pero tiene mal aspecto físico, por lo general su problema es salud. En cambio  si el aspecto es malo y la ropa ajada, seguro viene por fortuna. Por eso lo primero que observa el adivino es en la apariencia de la persona. A partir de ahí, empieza el juego de las predicciones.


Para el vidente es fundamental que la persona entre en el juego de preguntas y respuestas. Ahí está  la información que luego, sin darse cuenta,  él le devolverá como parte de sus “poderes”.  Así, si usted le dice que le preocupa su hija adolescente, puede que aventure: “Es que los chicos…”. Si usted le replica que lo que le preocupa son los estudios, él  empezará a decir obviedades como que la muchacha está un tanto desorientada por una bad board,   pero que todo puede resolverse con sus recetas. Luego la persona contará que el vidente confirmó su sospecha: la nueva amiga de la nena no le conviene.


Con los horóscopos ocurre algo maravilloso.  El “astrólogo” sabe que la gente quiere oír cosas buenas o llevaderas. Por eso él resume  una colección de vaguedades concebidas para que la gente se sienta identificada con ellas. Y sirve lo mismo para  los recolectores de tomate, que para los profesores, los desempleados, cualquiera. Por ejemplo:  “será una semana de entendimiento y cariño con la pareja, aunque los nacidos hoy, tienen ante sí una larga vida llena de momentos alegres, pero también salpicada de episodios tristes”. Como quiera la pega.


Por eso si estas  enamorada,  pero  el  chico que te ha roto  el corazón se ha ido,  busca ayuda. Nada mejor que una buena tarotista. Y si tiene los  brazos  repletos de tatuajes, mejor. Acude a ella con confianza, sin temor. No esperes insultos . La vidente sabe que nadie paga porque le insulten o porque le digan cosas desagradables.  Nada de eso. Eso sí, una vez allí, sincérate:


  • Acabo  de terminar una relación.


  • ¿Qué tiempo hace?


  • Un mes


  • Esto va a ser complicado, pero se puede resolver. Déjame ver qué dicen las cartas...