Cuba: un trampolín al suicidio

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  Le llamaban “Tati”. Idolatraba al “Che”. A los tres meses de estar casada con el también chileno Renato Julio inició un affair secreto con el capitán de la Seguridad del Estado cubana,  Fernández Oña. Asesor en temas de inteligencia  del presidente Allende y padre de la diputada  Maya Fernández de la Asamblea Nacional de Cuba. Su matrimonio con Renato duró menos que un grano de azúcar ante una manada de moscas. 

Rómulo Betancourt y José Figueres: un dúo de ases.

Rómulo Betancourt y José Figueres
Para nadie es un secreto que la clase política latinoamericana vive su peor momento. Los partidos, como instrumento idóneo para hacer funcionar la democracia, han dejado de ser confiables. En su mayoría se centran en la deshonestidad, la mentira, la incompetencia y la falta de transparencia. Todo se aleja de los cánones de antaño. La ética ya es casi una quimera. Y por supuesto, los autoritarios disfrutan el nuevo caldo de cultivo.

Sin embargo, no siempre fue así. Basta retroceder varias décadas para darnos cuenta que latinoamérica  tuvo políticos excepcionales que impulsaron sobremanera las mejores conductas.   Incluso tuvimos el lujo de tener un dúo de ases: Don Rómulo Betancourt y José Figueres.  Con una línea maestra muy definida: la lucha contra las dictaduras y tiranías que pululaban en América Latina y el fortalecimiento de la democracia. Ante el desastre de hoy, ¡cómo no echarles de menos!


Hablamos de una época  en donde la remuneración económica de un político podía causar  alarma social. En este sentido,  la transparencia personal incluía sus finanzas, de manera que el incremento de su patrimonio y del entorno familiar más próximo, tuviera que ser supervisado por un organismo independiente encargado de tal efecto. Su comportamiento no solo representaba un ejercicio de honestidad, sino también   una  acción pedagógica para el resto de la sociedad.  En este sentido, la honradez y la sinceridad aparecían como los principales componentes de un perfil.  Hoy cualquier  sinvergüenza se llena los bolsillos apenas pisa el gobierno. Aunque tenga que  descojonar   a cuanta institución se le atraviese. Las excepciones son muy escasas.


Cuando uno compara el liderazgo actual de varios  países con la vieja guardia, no puede menos que entristecer.  La actitud de los  sucesores no han llenado las expectativas. El legado recibido está hecho trizas. Y no es necesario mencionar nombres. Todos los conocemos. Yo me niego a hablar de los Pérez, de los Ramos, de los Marin(es).


Romulo Betancourt es considerado el principal  conductor de una de las etapas más importantes de los cambios democráticos ocurridos en Venezuela. Lo cual habla de su calidad de estadista que fue fraguando progresivamente. Primero  en la clandestinidad, luego en el exilio y al final en el gobierno como  Presidente de la República. Para decirlo en buen cubano, era un caballo.


En 1941 fundó Acción Democrática que pronto se convirtió en el primer partido político del país en lo que resta de siglo. Y a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958  anuncia su candidatura a la presidencia de la república. 


El 13 de febrero de 1959 asume el cargo y trabaja por  la estabilización de la democracia venezolana junto a la promulgación de una nueva Constitución. El fin de su período presidencial en 1964 fue el inicio a una era de gobiernos democráticos. Por eso muchos historiadores denominan a Betancourt como el “padre de la democracia venezolana”, con justa razón.


Para los latinoamericanos decentes fue más que eso, pues regó la semilla democrática en nuestros países y combatió sin cuartel a las dictaduras de la época. Ya fuesen de izquierda o de derecha. El propio presidente  John F. Kennedy el día 19 de febrero de 1963, en ocasión de la visita del venezolano a la Casa Blanca dijo: “Usted personifica todo lo que nosotros admiramos en un líder político”


Fidel Castro hizo hasta lo imposible para convencer a Betancourt en su juego macabro de comunismo y falta de libertad. Sin embargo, cuando el cubano visita a Caracas en enero de 1959, el líder adeco le "puso los puntos sobre las ies" y Castro se fue con el rabo entre las patas.


Más tarde el líder venezolano explicaría: “El comunismo no cree en elecciones libres porque se trata de un sistema basado en la lucha de clases, que requiere el aniquilamiento del “enemigo”, y no el sufragio”. Él lo sabía muy bien, pues provenía de las filas marxistas. 


Entre las varias cosas que Castro le pide a Betancourt para incendiar a América Latina estaba el petróleo venezolano y le  pide un préstamo.  Betancourt le explica que Venezuela está en crisis y no puede conceder préstamos. Entonces  Castro endurece más aún la cara y le pide petróleo gratuito.  Betancourt le responde que el país no está para regalar nada. Y ardió Troya.


La represalia  de Fidel Castro no se hizo esperar. A partir de aquel momento comenzó  un amplio esquema de captación en las universidades y en el ejército venezolano dirigido desde La Habana que concluye con guerrilleros entrenados en Cuba para acabar con la incipiente democracia. No obstante, terminan aplastados en Venezuela. Betancourt superó con creces a Fidel Castro. Tanto en el orden diplomático como en el orden militar. Y ni se diga en los avances sociales. En los ochenta ya Venezuela le llevaba a Cuba más de 30 años de ventaja.


Otro gigante: José Figueres. Fue presidente de Costa Rica en tres periodos, 1948-1949, 1953-1958 y 1970-1974. Es visto por los ticos como el caudillo victorioso de la Guerra Civil de Costa Rica, fundador de la Segunda República. Uno de sus principales logros, sin duda, fue la abolición del ejército, hecho por el cual el país centroamericano se convirtió en el primero del mundo en suprimir sus Fuerzas Armadas. 


Las principales  acciones  de “Don Pepe”, están relacionadas con los asuntos democráticos; especialmente, en el período inmediato  a la guerra civil. Sobre todo, en el fortalecimiento de una legislación electoral que, aún hoy día, más de medio siglo después, se conserva casi íntegra, con instituciones que,desde entonces son orgullo nacional.  Un indiscutible visionario. 


José Figueres nunca le simpatizó a Fidel Castro. El dictador lo llamaba Pepe Cachucha. Incluso todos los cubanos mayores recuerdan un viaje  de Figueres a Cuba al triunfo de la revolución, donde el Comandante lo ridiculiza en público, durante un acto en el Prado habanero.


Castro sabía que el modo del costarricense para hacer una revolución era socialdemócrata, anticomunista, sin enemistarse con los Estados Unidos y respetando las reglas de juego del democracia.  Y cómo las cosas hay que decirla como son,  Figueres fue humillado en Cuba. Castro le mandó a quitar  el micrófono cuando el tico estaba explicando sus ideas en el Prado.


Posteriormente Figueres inicia un período de activismo político regional y continental. Expresa su pensamiento político, sus ideas y proyectos, en varios eventos.   Su propósito era crear una estructura organizativa con capacidad de generar liderazgos, vinculados a los sectores productivos y democráticos. Una especie de freno a la subversión comunista en América Latina que avanzaba rampante.


El 13 de febrero de 1959 asiste a la toma de posesión del Presidente Rómulo Betancourt en Venezuela. Firma la Declaración de Caracas con Eduardo Frei,  Andrés Towsend, Ramiro Prialé, Luis Alberto Monge Alvarez, Jesús Silva Herzog, Gonzalo Barrios, Raúl Leoni, entre otros.


El 28 de abril de 1959 Figueres realiza una gira de cinco semanas en la cual dicta conferencias en varias universidades de los Estados Unidos, entre ellas Harvard y Columbia. También se reúne con Adlai Stevenson, el Vicepresidente Richard Nixon y Nelson Rockefeller.


El 15 de octubre de nuevo dicta en la Universidad de Columbia, Nueva York, una conferencia sobre las relaciones entre los países de América Latina y los Estados Unidos.


En agosto Figueres participa en la Primera Conferencia de Partidos Populares convocada por el APRA, en Lima, Perú. Desde aquella tribuna hace ripios a los castristas.


Y cuando el  el Presidente Kennedy anuncia en la Unión Panamericana, en Washington su Programa de la Alianza para el Progreso, cita en su discurso solo  a dos Latinoamericanos, Benito Juárez y José Figueres. Por algo sería. (“Hoy despiertan los pueblos otrora dormidos y miran al sol de una vida mejor”


Por eso cuando escucho algunas cosillas de Carlos Andrés Alvarado Quesada (Carlito para diferenciarlo) me erizo. ¿Este señor no habrá leído nada de Figueres?


Rómulo Betancourt y José Figueres fueron  dos políticos fundamentales en América Latina. Hombres que pertenecieron a una raza que ya entró en su fase de extinción. 


Cierro con una anécdota personal. Un día acudí con mi viejo amigo Roberto Azquy a llevarle un recado al señor Manuel Pealver (amigo personal de Rómulo Betancourt) en Caracas. Cuando llegamos a su casa estaba sentado  en la sala, en una hamaca. Nos atendió cortésmente. Y cuando en un momento de la conversación salió a relucir el nombre de Figueres, la admiración lo rebasó. Ese día entendí que Betancourt y Figueres estaban por encima  de cualquier liga.


“La libertad es un sentimiento, 

es el gozo del corazón cuando rigen la vida los dictados preclaros de la mente; 

cual la salud, no se aprecia hasta que se ha perdido;

 cual la belleza, se aprecia más cuanto mejor se le conoce.”


 José Figueres Ferrer