Octavio Paz: el poeta que venció a la izquierda

Octavio Paz: el  poeta que venció a la izquierda
La propaganda es una cabrona. No hace mucho,  la empresa alemana Audi utilizó la novela “Rojo y negro” del  frances Stendhal para promocionar uno de sus modelos. El comercial agarra una anécdota personal del escritor cuando visita el templo de  Santa Croce de Florencia y  la compara con lo que sentirá el consumidor al manejar el vehículo. 


Hasta la  Caperucita Roja cayó en el juego de los comerciales. El afamado perfume Chanel número 5, cambió la versión original en la que el Lobo Feroz devora a Caperucita. Esta vez el noble personaje  deja encerrado al Lobo  y sale a las calles de París con gran seguridad. Como si nada.

Los magos en los manejos de la literatura mezclada con la propaganda y cliché han sido los izquierdistas latinoamericanos. Mirando siempre a La Habana por el retrovisor ideológico. El principio que rige dichos discursos no tiene en cuenta la  desconexión con los hechos reales. Para ellos lo importante es repetir la mentira muchas veces hasta que se convierta en “media verdad” y la gente se confunda. O sea que, mientras la realidad marcha por un rumbo, el  izquierdista delira por otro, a sabiendas. 

Por eso no podemos extrañarnos que en este tipo de literatura encontremos  a un García Márquez por encima de Borges o a un Miguel Barnet con más pergaminos que Cabrera Infante. Sin embargo,   parece no importar mucho en el mundo intelectual latinoamericano, pues gran parte de la sociedad se ha dejado comer el tarro solo por eslóganes manidos y otros “patrias y muertes”.  Así confunde la izquierda en América Latina.  Así enredan. Así atacan.

Si alguien fue vilipendiado  en esta dinámica es  Octavio Paz. Uno de los mejores poetas del mundo que combatió  las incongruencias y limitaciones del pensamiento comunista, después de haber estado dentro de la jauría. 


 Al poeta  lo intentaron fusilar intelectualmente. Lo criminalizaron de todas las maneras posibles. Se valieron de cuantas artimañas encontraron a su alcance.  No obstante, el  mexicano venció todos los peligros y se alzó con el Premio Nobel de Literatura en 1970. Hoy goza del reconocimiento universal. Logró  vencer la aceitada maquinaria de la izquierda con hidalguía. Y como decía  Séneca (2 AC-65) “ Vencer sin peligro es ganar sin gloria”. Pero él venció con honra.


Claro, a Octavio Paz le tocó  librar una guerra sin cuartel. Y dentro de este contexto  desenmascara  la realidad del socialismo  que se adhiere al "estalinismo tropical" y al  castrismo de manera contundente. Además, reseña con precisión las barbaries del comunismo como los campos de trabajo forzado en Cuba;  y en 1971, cuando se produce el caso Padilla, apuntó sin titubeo:

  

“ [...] en Cuba ya está en marcha el fatal proceso que convierte al partido revolucionario en casta burocrática y al dirigente en César. Un proceso universal y que nos hace ver con otros ojos la historia del siglo XX. Nuestro tiempo es el de la peste autoritaria: si Marx hizo la crítica del capitalismo, a nosotros nos falta hacer la del Estado y las grandes burocracias contemporáneas”.

      

Otro reto para Paz fue tener que enfrentar a Pablo Neruda cuando el poeta chileno se encontraba en su mejor momento. No olvidemos que Neruda  era un defensor a ultranza de la Revolución Cubana y de la Unión Soviética. 


«A medida que él se hacía más y más estalinista yo me desencantaba de Stalin. Acabamos por pelear — casi a golpes — y dejamos de hablarnos”. Explicaba el mexicano.


Posteriormente en un escrito Octavio Paz dice algo que evidencia el trasfondo del asunto:


«Su literatura está contaminada por la política, su política por la literatura y su crítica es con frecuencia mera complicidad amistosa, y así, muchas veces, no se sabe si habla el funcionario o el poeta, el amigo o el político [...] Neruda no representa a la Revolución de Octubre; lo que nos separa de su persona no son las convicciones políticas sino, simplemente la vanidad y el sueldo»


Por este sentimiento eminentemente humanista del poeta mexicano, es que vemos como en cada uno de sus poemas, aun en los más simples, desborda la libertad como elemento básico. Incluso en sus frases menos afortunadas encontramos conceptos pedagógicos sobre los derechos fundamentales del hombre.  No insinúo que Paz haya sido más perfecto o más intenso, pero sí interpretó mejor que ningún otro poeta  los anhelos de la especie humana.  Pero como dice   la escritora nicaragüense Gioconda Belli: “La izquierda sufre (siempre) una crisis de imaginación”.


La izquierda lo combatió hasta en la vida privada. Recordemos que para la fecha el mexicano estaba casado con  Elena  Garro. Una novelista que conoció a Octavio Paz en 1968 cuando el poeta  tenía 16 años y estudiaba literatura en la Universidad de México. Se casaron muy enamorados y vivieron en varios países. Sin embargo, cuando se divorcian, la utilizan para  atacarlo despiadadamente y ella se prestó para ello.


  La señora  Garro murió en una situación aterradora en agosto de 1988. La miseria la obligó a vender hasta sus papeles privados a una universidad en Estados Unidos; incluyendo las cartas de su amante  Bioy Casares. En su última foto aparece sucia y desgreñada. Pesando menos de 35 kilos. Murió de cáncer del pulmón. Era una fumadora compulsiva.  


Por su parte, Octavio Paz se unió en 1959 a Bona Tibertelli de Pisis mientras era embajador de México en la India. Posteriormente contrajo matrimonio con la francesa Marie José Tramini, y con ella estabilizó su vida hasta la muerte.


El poeta definía el amor en los siguientes términos:


—   “El amor es la revelación de la libertad ajena y nada es más difícil que reconocer la libertad de los otros, sobre todo la de una persona que se ama y se desea. Y en esto radica la contradicción del amor: el deseo aspira a consumarse mediante la destrucción del objeto deseado; el amor descubre que ese objeto es indestructible…”


Su estilo literario siempre ha sido difícil de definir.  Ninguna de las etiquetas adjudicadas por los críticos encaja con su poesía: poeta neomodernista en sus comienzos; más tarde, poeta existencial; y, en ocasiones, poeta con tintes de surrealismo. Ninguna cuadra, ninguna le sobra, aunque él mismo reconoció: “fundamentales fueron los surrealistas, con quienes hice amistad en el año 46 o 47, que en esa época estaban más cerca de los libertarios”.


No echó raíces en ningún movimiento. Siempre estuvo alerta ante los cambios que se iban produciendo. De modo que su poesía, como toda poesía profunda, acabó por convertirse en una manifestación muy  original.


 Además, se trata de un poeta de gran lirismo ( para mí el mejor de latinoamérica) cuyos versos contienen imágenes de extraordinaria belleza. Sumado a la preocupación social. Aunque  en la última poesía de Paz hay algo esoterismo, pero, al margen de ello, toda su poesía destaca por su lirismo. 


Un genio, sin lugar a dudas, que nunca roza la cursilería como otros de su época. Octavio Paz será por siempre el poeta de todos los que amamos la libertad.



Decir, hacer


Entre lo que veo y digo,

Entre lo que digo y callo,

Entre lo que callo y sueño,

Entre lo que sueño y olvido

La poesía.

Se desliza entre el sí y el no:

dice

lo que callo,

calla

lo que digo,

sueña

lo que olvido.

No es un decir:

es un hacer.

Es un hacer

que es un decir.

La poesía

se dice y se oye:

es real.

Y apenas digo

es real,

se disipa.

¿Así es más real?

Idea palpable,

palabra

impalpable:

la poesía

va y viene

entre lo que es

y lo que no es.

Teje reflejos

y los desteje.

La poesía

siembra ojos en las páginas

siembra palabras en los ojos.

Los ojos hablan

las palabras miran,

las miradas piensan.

Oír

los pensamientos,

ver

lo que decimos

tocar

el cuerpo

de la idea.

Los ojos

se cierran

Las palabras se abren.


(Octavio Paz)