Cuba: un trampolín al suicidio

Imagen
  Le llamaban “Tati”. Idolatraba al “Che”. A los tres meses de estar casada con el también chileno Renato Julio inició un affair secreto con el capitán de la Seguridad del Estado cubana,  Fernández Oña. Asesor en temas de inteligencia  del presidente Allende y padre de la diputada  Maya Fernández de la Asamblea Nacional de Cuba. Su matrimonio con Renato duró menos que un grano de azúcar ante una manada de moscas. 

Ernesto Guevara y los ecos de “La Cabaña”

 Ernesto Guevara:  ecos de  “La Cabana”

     Una tarde vinieron a buscarlo a su Galera. Preguntaron en la puerta y alguien corrió a avisarle. Llegó al rastrillo (portón ) y un militar verificó su nombre. Le pidieron que los acompañara. No necesitó arreglarse. Se lo llevaron en pantalones cortos y chancletas de madera. No regresó más. Lo fusilaron dos meses después. Nunca se supo cuál fue la metralla que le arrancó la vida.Todas las noches se escuchaban disparos provenientes del pelotón de fusilamiento. En ocasiones, hasta el tiro de gracia. Resaca de un "Che" que ya no estaba. Alberto y yo teníamos la misma edad en aquel entonces. Diecinueve años.

 El día de su partida el sol no quiso lucirse como de costumbre. Estaba flojo. Carecía de fuerza. Aunque  el calor continuaba sofocante. Hasta la brisa urgida era un bochorno. El aire  llegaba caliente. Incapaz de empujar  las nubes perezosas que intentaban quedarse en La Habana. La temperatura en las galeras se duplicaba en verano. El calor no es bueno cuando la nutrición desaparece. 


    La Cabaña es un complejo militar antiguo que está situado en la entrada de la Bahía de La Habana. Utilizado por el Gobierno cubano como Prisión Política desde el triunfo de la revolución. Había sido una fortificación que junto a la del Morro, defendieron la ciudad de muchos ataques enemigos. Los ingleses tomaron La Habana, principalmente, porque lograron capturar el cerro donde después edificaron la fortaleza.  Aún se mantiene en la capital cubana la costumbre de disparar un cañonazo a las nueve de la noche que antiguamente anunciaba el cierre de las murallas.


    Esta fortificación es la más grande de las edificaciones militares construidas por España en América. Tiene forma de polígono con un diseño característico de los sistemas defensivos de la época. En ella se alojaron las mejores unidades del ejército español en Cuba. Durante la guerra independentistas muchos héroes cubanos fueron prisioneros en sus cuevas. Otros fueron ejecutados en el llamado Foso de los Laureles. Hasta José Martí cumplió condena en ese antiguo castillo. 


    Su rústica arquitectura, encerrada en enormes paredes, aún conserva la siniestra belleza de un poema de piedra. Arcaicos bloques de cemento mirando al mar con geométricos contornos antiguos donde una generación resistió el viejo oficio del castrismo. Son muchos los detalles  que han sido testigos silenciosos del dolor. 


    Ernesto “Che'' Guevara  fue el  primer  “comandante en jefe” de la prisión de La Cabaña. Nombrado por Fidel Castro  el 3 de enero de 1959  como responsable de la  “Comisión Depuradora''. Así le llamaron. El argentino tuvo a su cargo,  hasta el mes de julio, la supervisión de las ejecuciones. Tenía bajo su mando  a más de mil soldados.  Los tribunales revolucionarios funcionaban sin parar dentro de la propia  fortaleza.  Debo aclarar que Guevara nunca dictó una sentencia de muerte. Él solo la ejecutaba. Si acaso, un tiro de gracia. Nada más. El dictamen venía en  un correo militar del Estado Mayor firmado por Fidel Castro. El máximo líder tenía la última palabra.  

 

A veces  Guevara subía al  muro con una escalera. Desde allí  veía los fusilamientos  fumándose un habano. Era una época donde  nadie cuestionaba nada.  Las muertes  formaban parte de un mismo objetivo: el combate contra “la injusticia y la burguesía”. Para eso se creó  la  “Comisión Depuradora''. Solo los “buenos” y los “virtuosos” debían sobrevivir. Igual que en la Revolución Francesa los cubanos también tuvimos nuestro Robespierre.


La salida del comandante Che Guevara al frente de la fortaleza de La Cabaña no detuvo los fusilamientos. Al contrario, siguieron produciéndose con más intensidad. Y ya no solo en La Habana, sino en otros lugares de la isla. Sin embargo, ese  primer contingente de muertos poseen ecos guevaristas. 


Un conocido abogado, hoy día en el exilio (no sé si ha muerto) figuraba entre los que trataron los expedientes de los hombres condenados  a muerte en ese tiempo por la “Comisión Depuradora''. El señor  ha mencionado algunos comentarios de Guevara. Por ejemplo cuando dijo: “No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción”. Imagínese usted.


Y ante una pregunta  justificó los fusilamientos de la siguiente manera: 


“”Hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte. Nosotros sabemos cuál sería el resultado de una batalla perdida y también tienen que saber los gusanos cuál es el resultado de la batalla perdida hoy en Cuba”.” 

 

De Alberto supimos un tiempo más tarde. Resulta que cuando lo sacaron de la galera fue llevado de nuevo a Villa Marista.  Lo volvieron a encausar y lo sentenciaron a morir en el pelotón de fusilamiento.  Su delito fue haberse unido a un compañero de estudio y hablar algunas cosas contra el Gobierno en el instituto. Posteriormente algunas de sus  expresiones aparecieron escritas en los baños y aquello molestó sobremanera a la dictadura. De esta manera pasó a formar parte de la estadística de muerte  de La Cabaña.  


Villa Marista es el terrible centro donde los interrogatorios culminaron en condena. Base principal de operaciones de la “Seguridad del Estado” en Cuba. Creada en 1963 como un equivalente a la Lubianka. Fueron los rusos los que transmitieron a los cubanos sus experiencias represivas. Cumplieron, y de que manera.


    Los instructores soviéticos vinieron a Cuba en la época de Khruschev cuando los crímenes de Stalin habían sido denunciados por los mismos comunistas. No obstante, la metodología represiva no variaba. Ellos hacían énfasis en la tortura psicológica y no la física. Trataban siempre de destrozar el espíritu y no el cuerpo. Por eso en Villa Marista la tortura corporal no fue un procedimiento rutinario sino más bien selectivo. Pues el objetivo era conseguir la rendición moral del detenido. Los nuevos métodos con el “té” estaban ausente en ese tiempo.


    La Seguridad del Estado nunca pretendió destruir ideológicamente  al detenido, sino más bien convencerlo de la omnipotencia del aparato represivo. Demostrarle que estaba indefenso ante ellos; y cuando lo conseguía, el acusado terminaba confundido por haber iniciado una lucha imposible.


 A la vez, molesto con quienes lo exhortaron a esa lucha “suicida”, podía muy bien cooperar con  la delación de otros compañeros. Porque convencido del poderío del gobierno, y eventualmente derrotado, llegaba a la conclusión de que la Seguridad del Estado  había sido hasta generosa con él.  Como decía Orwell en 1984, "el supremo triunfo de la Seguridad es cuando el prisionero termina amándola". En Cuba también existieron esos casos.


 En 1986 el gobierno comenzó la restauración de La Cabaña. Eliminó la horrenda cárcel. Desdibujó el horror y fue abierta al público en 1991. Más bien como destino turístico para cuanto  mequetrefe deambula  por España y América Llatina. Crearon  restaurantes de alta categoría.  Abrieron exposiciones de armas y salones de protocolo.  Hasta una feria de libros se realiza todos los años en el dantesco sitio. Otra forma de hacer que las nuevas generaciones desconozcan la criminalidad intrínseca del sistema.


Dentro de este concierto surrealista no podían dejar fuera al fundador. Al jefe de los sinvergüenzas. Había que asomar su cara lo más lavada posible. Y en un espacio que denominan “los libros de Fidel” se recrean en urnas de cristal  las obras preferidas del déspota.  Acompañadas de ramilletes de pensamientos que nunca respetó. Para los organizadores fue fácil escoger sus sandeces. Él habló mierda hasta el cansancio.  


Pero mi generación tuvo un gran privilegio: Vaclav Havel. Un escritor y  dramaturgo checo que pasó  de la literatura a la acción contra el comunismo y nos dejó lecciones inolvidables. Un intelectual que apoyó la Primavera de Praga en 1968 porque conocía como nadie la barbarie comunista  y los enfrentó  hasta el final de su vida. Havel muy sabiamente apuntaba:


“La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin.”