Sexo mata perfil

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  Vivimos en una era donde  el cuerpo y la  belleza han multiplicado el valor económico. Por esto, las que más muestran,  ganan más.  No importa el perfil: lo más importante es la foto.  Todo se simplifica  a seguir  criterios visuales. De esta manera  la apariencia física y el atractivo sexual son decisivos en el actual modelo económico.  No es exagerado pensar que el sexo y el exhibicionismo hoy pueden llegar a crear  desigualdades sociales. Tanto luces, tanto vales.  

Tras la huella de “El guardián entre el centeno”

 “El guardián entre el centeno”


El escritor norteamericano J.D. Salinger pasó diez años escribiendo “El guardián entre el centeno” (The Catcher in the Rye) y el resto de su vida arrepentido de haberlo hecho.  El libro inspiró a Mark David Chapman a matar a John Lennon. A John Hinckley a dispararle al presidente Ronald Reagan. A Robert O. Wickes a vestirse de militar, matar al director del colegio, a un estudiante, y tomar de rehenes a otros 18 jóvenes. A Robert Jonh Bardo a asesinar a la actriz Rebeca Scheffer, estrella de la serie My sister Sam. Y a Arthur Bremen a protagonizar el famoso atentado contra George Wallace. Casi nada.


 “El guardián entre el centeno”  es una gran novela, pero peligrosa. Su lectura puede provocar rabia emocional. No obstante, es uno de los libros más vendidos en el mundo. Se vende a razón de quinientos mil ejemplares por año.  Actualmente las facturas sobrepasan los sesenta millones.


Repasemos primero las consecuencias más notables de la obra.


Cuando Mark David Chapman mató a John Lennon dijo que lo había hecho para llamar la atención del mundo hacia  “El guardián entre el centeno” y que su defensa sería la lectura del libro. Y así lo hizo. Durante el juicio apuntó que Dios le había concedido un voto de confianza y que por un momento se convirtió en Holden Caulfield; (el protagonista de la novela) y por eso había asesinado al mal y había librado al mundo de la muerte.


 Luego recitó frases de Holden que  había aprendido de memoria. En el testimonio final explicó que él había dejado de existir, que ya no tenía existencia propia, y que su ser verdadero lo había encontrado en “El guardián entre el centeno


John Hinckley, el hombre que atentó contra el presidente Ronald Reagan  y  su secretario de prensa, al ser apresado indicó que si querían oír su defensa  lo único que tenían que hacer  era leer “El guardián entre el centeno”. Él había desarrollado una obsesión por la actriz Jodie Foster y decidió que, para ganarse su corazón, debía matar al presidente de Estados Unidos. 


Vio en 15 ocasiones su película Taxi Driver y desde la primera vez comenzó a acosarla. Después del atentado al presidente Reagan  la policía encontró en la habitación de su hotel un calendario de John Lennon y un ejemplar de bolsillo de la novela “El guardián entre el centeno”. 


Robert Bardo se pasó una temporada mandando postales y cartas a la actriz Rebeca Schaeffer. Ella le respondió dos veces con postales amables y le agradeció su apoyo. Más tarde Bardo le pagó $250 a un detective privado de Tucson para que le consiguiera su dirección. Cuando la tuvo en sus manos, se presentó en su vecindario con un CD, una pistola y un ejemplar de “El guardián entre el centeno”. La asesinó de varios disparos. 


Robert O. Wickes era un profesor de 24 años que había sido despedido de una escuela en Long Island. Un día apareció vestido con ropa militar y armado con un rifle. Le disparó al director, a uno de los alumnos, y cogió a 18 jóvenes como   rehenes. Al cabo de unas horas los fue liberando uno por uno;  y al final, se pegó un tiro en la cabeza. Todas las personas que lo conocían coinciden en que Wickes  sentía adoración por el escritor Salinger y que “El guardián entre el centeno” era como su biblia.


The Catcher in the Rye, conocida en castellano como “El guardián entre el centeno” narra, en primera persona, la vida de Holden Caulfield, un adolescente rebelde de gran sagacidad. La novela capta lo que es la adolescencia con todas sus contradicciones. Dando  la sensación que la novela impulsa al lector hacia el crimen. Pues la impotencia social del joven Holden, protagonista de la obra,  es un reflejo para ciertos lectores. 


La violencia aparece en cada frase del jovencito. Por ejemplo.


— “Prefiero tirar a alguien por la ventana o cortarle la cabeza que darle un puñetazo en la mandíbula. Odio las peleas a puñetazos, lo que más miedo me da es la cara del otro tipo” 


Pero lo que más llama la atención es que la vida personal del autor  sobrepasa el enigma de su obra. Su comportamiento pasó  de lo incomprensible a lo censurable, cuando pasó de ser prácticamente un desconocido,  al escritor más impactante de Estados Unidos.  Dicen que su propio  mito lo derrumbó. 


Salinger  era un hombre excéntrico. Odiaba la notoriedad, al mundo, al convencionalismo social, y a prácticamente todo lo que no cumpliera con su código de conducta.


Apenas saltó a la fama — fama que nunca deseó —,  se mudó a una casa de campo sencilla, solitaria,  casi inaccesible. No dio más entrevistas, no volvió a viajar, y así pasó recluido sus últimos cincuenta años de vida.


¿Pero cuáles eran sus traumas, sus manías, sus obsesiones?  ¿Cómo vivió su soledad en esa etapa de la vida? ¿Qué hacía en aquel autoexilio con tantas contradicciones y tanto acoso por parte de una prensa que no le daba tregua?


 Toda la verdad se supo mucho tiempo después gracias a la autobiografía de la escritora Joyce Maynard, quien fue su amante cuando apenas tenía 18 años y él ya había cumplido 53. Justamente en esa etapa de aislamiento.


Sus impactantes revelaciones, más el manojo de cartas que ambos intercambiaron y que han sido publicadas , confirman la misteriosa vida del escritor y  ayudan a entender su obra.


Joyce Maynard fue muy criticada por los seguidores de Salinger. Ellos consideran que debió callar el secreto y no escribir jamás unas memorias que echan por tierra la imagen del escritor. 


La relación entre ambos comenzó cuando Maynard, que aún no había cumplido los 18 años, publicó un artículo en  New York Times muy polémico acompañado de su foto.  Como respuesta recibió centenares de cartas, entre ellas una de J. D. Salinger. Luego continuaron el intercambio de misivas (cada vez más íntimas)  hasta que se conocieron en persona y la adolecente quedó flechada. 


— "Ahora, desde mis 47 años, releyendo las cartas que me mandaba, me doy cuenta de que Salinger tenía una poderosa seducción emocional e intelectual, de efectos devastadores"— Ha confesado la escritora.


Posteriormente Joyce Maynard dejó sus estudios universitarios, dimitió de su puesto en el New York Time y se fue a vivir con Salinger a su casa de campo en Cornish.


 — “Quería estar con él todo el tiempo. Empecé  a sentir que lo que requería la relación era que yo estuviera con él todo el tiempo”.


En su libro  “Mi verdad” (Circe), Maynard comenta detalles de la turbulenta relación. He aquí algunos pasajes:


“La casa no tenía nada especialmente elegante ni lujoso. Había libros amontonados por todas partes. Películas amontonadas por todas partes”


“…no tenía idea de cómo iba a suceder, puesto que en toda mi vida yo solamente había besado a dos chicos y a ningún hombre. No hubo decisión alguna. Él me llevó a su habitación y yo no hice ninguna pregunta mientras él me quitaba la ropa. Yo no tenía ningún marco de referencia, no sabía de qué otra manera podía suceder aquello, pero no fue una escena particularmente romántica.  Nos metimos en la cama y él me besó y luego se puso a…”


“Resultó atrozmente doloroso  y casi al instante desarrollé un dolor de cabeza como ningún otro que hubiera experimentado nunca”.


“No se habló de anticonceptivos, aunque yo tenía 18 años, pero en cualquier caso no fue posible. No fui capaz. No pasó nada”.


“Nos levantábamos temprano. Lo primero que hacíamos era comernos cada uno un cuenco de guisantes tiernos congelados marca Birds Eye, sin cocinar, solamente echándoles agua tibia por encima para que se descongelaran y estuvieran únicamente fríos. Había un libro cuyos principios él seguía, titulado Food is Your Best Medicine. Él creía a pies juntilla en la comida cruda”


“Yo me quitaba las lentillas, entraba en el dormitorio, me quitaba los vaqueros y la ropa interior y me ponía en camisón largo de franela. Luego entraba al dormitorio Jerry. Se desnudaba, se ponía la camisa de dormir y se metía en su lado de la cama.


“Yo me metía en el mío. Él me buscaba los hombros con la mano. Me acariciaba el pelo, luego me cogía la cabeza con una firmeza sorprendente y me llevaba debajo de las mantas. Debajo de las mantas, que olían a detergente, yo cerraba los ojos. Me caían lágrimas por las mejillas. Sin embargo, yo continuaba. Sabía que mientras yo siguiera haciendo aquello, él me querría.”


“Un día oí que sonaba el teléfono y, como yo tenía prohibido cogerlo bajo ningún concepto, me quedé escuchando como Jerry contestaba y tenía una conversación muy breve seguida de un clic. A continuación salió de su despacho con una furia en la cara que yo no había visto nunca en ninguna parte. Me dijo: 


— La revista TIME tiene mi número. Me has arruinado la vida”


“Durante todo aquel periodo, aunque las cosas cada vez pintaban peor, jamás me plantee marcharme. Jamás me imaginé que la relación se acabaría”.


 Un día Salinger la botó de su casa y la relación concluyó. 


Pasaron muchos años  para que Joyce Maynard decidiera escribir sus memorias.


“Me di cuenta de que aquel era el paso decisivo que me permitiría escribir mi libro: el hecho de asumir que no tenía nada de qué avergonzarme. Daba igual que otra gente pensara distinto. Yo contaría la historia que había vivido”.


“Me pasé 25 años sin escribir ni hablar para nada de lo que había pasado. Los ataques, ya no solamente a mi libro, sino a mi carácter, fueron brutales, intensamente personales e implacables, e incluso ahora, bastante años después, no pasa una semana, sin que alguien venga y me comente: 


— Ah, tú eres la que escribió aquel libro sobre Salinger”.


“Y mi respuesta es la siguiente: Yo no escribí un libro sobre J.D. Salinger. Escribí un libro sobre mi misma, lo que pasa es que J.D. Salinger había decidido formar parte de mi vida y luego decidí dejar de excluir aquel dato de mi vida”.


Las cartas que tenía Maynard fueron puestas en subastas y vendidas en 156 mil dólares. Peter Norton, un millonario del mundo del soft-ware y coleccionista de artes, las compró y se las devolvió a Salinger


Salinger nació en Nueva York en 1919 en el seno de una familia acomodada. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército y sirvió como suboficial de inteligencia. Se casó tres veces. Tuvo dos hijos: Margaret y el actor Matt Salinger. Falleció de muerte natural el 27 de enero de 2010.


El escritor sufrió mucho cuando lo sorprendió la fama y poco a poco la depresión se apoderó de él. “El guardián entre el centeno”, que salió en 1951 en su primera edición, obtuvo un éxito tan arrollador. Durante mucho tiempo se mantuvo en el primer lugar de la lista de superventas del New York Time. 


El diario neoyorquino lo convirtió en una celebridad instantánea, y cuando quiso continuar con la normalidad de su vida, ya no le fue posible. El acecho de la prensa, de otros escritores, de los curiosos habituales, fue implacable.