Cuba: un trampolín al suicidio

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  Le llamaban “Tati”. Idolatraba al “Che”. A los tres meses de estar casada con el también chileno Renato Julio inició un affair secreto con el capitán de la Seguridad del Estado cubana,  Fernández Oña. Asesor en temas de inteligencia  del presidente Allende y padre de la diputada  Maya Fernández de la Asamblea Nacional de Cuba. Su matrimonio con Renato duró menos que un grano de azúcar ante una manada de moscas. 

“Movimiento San Isidro” y antiguos menesteres

Disidencia en Cuba

 Hay quienes dicen que el “Movimiento San Isidro” es el despertar de los cubanos.  La declaración  en este eventual presentismo político implica un desconocimiento, por demás  comprensible debido a la censura,  de lo que ha sido la lucha contra la dictadura.   Por eso quiero contextualizar el trayecto de la oposición en Cuba  para entender un poco más el fenómeno. Las ayudas distantes en el tiempo se convocan para alertar respecto a los peligros del presente. Repasar  las diferentes circunstancias  evita caer en  las lecturas fáciles. La isla siempre ha estado en pie de lucha.  San Isidro es tan solo otra variante.

A  estas alturas la única conclusión (tal vez poco prudente) es que sólo podemos valorar la  utilidad práctica de la lucha,  por la capacidad que tengamos de conocer y abrir  proyectos  anteriores, dibujar horizontes futuros y recuperar, valga la circularidad, toda la  experiencia acumulada. 

Ahora permítanme  desempolvar  la historia.

Imagine que está usted en Cuba en 1959. Que es un cubano más que no sabe adónde irá a parar la atmósfera revolucionaria que respira.  Y que, sin proponérselo, está metido en una marea de confusiones inexplicables.  Porque  quienes apoyaron ( 0 tal vez hicieron realmente) la revolución están  bajo  un intenso linchamiento propagandístico y convertidos en enemigos de la patria de la noche a la mañana.  Como los masones tras la Revolución Francesa que entraron a formar parte de una lista negra. Y los que solo observaron el proceso y no tomaron partido, son la vanguardia del incipiente extremismo.

Así nacen los primeros disidentes en la isla. Bajo confusión y espanto. Entre contradicciones y esperanzas. Mientras que una multitud vitoreaba a Fidel Castro dejando un rasgo exclusivo en los sectores intransigentes de la Revolución  que se dedicaban a lanzar toda clase de anatemas y culpas imaginarias, que casi siempre terminaban en el pelotón de fusilamiento o en las largas condenas de prisión.

 Las primeras organizaciones opositoras   que asumen  enfrentarse a la  dictadura se despliegan en todas las regiones y con diferentes estilos de lucha.  Sin embargo, con un denominador común: sacar del poder al impostor que los había utilizados en la gesta revolucionaria. 


Y así comienzan a aparecer. Una, dos, decenas de ellas.

El Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) (en inglés - Movement to Recover the Revolution ) es fundado por Manuel Artime  e incluía a Rogelio González Corzo, Higinio "Nino" Díaz, Jorge Sotus, Sergio Sanjenis, Rafael Rivas Vázquez, Carlos Rodríguez Santana entre otros. Operaban en toda Cuba pero adquieren mayor relevancia  cuando  el 17 de abril de 1961  un grupo de cubanos,  dirigidos por Artime,  desembarcó con la Brigada 2506  en Playa Girón.  Aunque la invasión no tuvo éxito sembró las bases para lo que vendría después.   

El Movimiento Revolucionario 30 de Noviembre “Frank País” (MR-30-11) fue fundado en Cuba el 13 de marzo de 1960. Su fundador principal fue David Salvador Manso a quien acompañaron los hermanos Gabriel y Guillermo Hernández Custodio, José “Bebo” García, Hiram González, José Richard Heredia, Carlos Rodríguez Quesada y Luis Israel Abreu, entre otros. El Movimiento sufrió todo tipo de persecución. Muchos  de sus integrantes fueron a las cárceles y  decenas terminaron  fusilados.

El Directorio Revolucionario Estudiantil ( DRE ) fue un grupo de estudiantes que se organizaron para luchar contra Fulgencio Batista  y que jugó  un papel importante en el triunfo de la Revolución Cubana.  Posteriormente el Directorio se relanzó en oposición a Fidel Castro y continuó la lucha. En vísperas de la invasión  de Playa Girón, uno de sus fundadores  Alberto Muller Quintana, penetró clandestinamente en Cuba por la costa de la playa de Guanabo, produciendo un alzamiento armado en la provincia de Oriente. Estaba acompañado de Gustavo Enrique Casuso Pérez, dirigente de la Agrupación Católica Universitaria (ACU).

El Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP)  fue creado en octubre de 1960 por  Manuel Ray Rivero, exministro de la Revolución. Tuvo su origen en la fusión de las agrupaciones 30 de julio y Acción Democrática Revolucionaria. Otro fundador del MRP, Joaquín Agramonte, había sido el coordinador provincial del 26 de julio en la provincia de Camagüey. 

 Alpha 66  operaba dentro y fuera de Cuba.  La organización deseaba deshacer la traición  de Fidel Castro.  Sus fundadores  también lucharon contra el gobierno de Batista. Estaba liderada por el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo que planeaba actividades guerrilleras en Cuba junto a  Antonio Veciana. Posteriormente, al caer preso Menoyo la dirección del movimiento quedó en manos de Andrés Nazario Sargent, oficial de las tropas del 2do Frente del Escambray.

El fomento de las guerrillas armadas en diferentes provincias de Cuba se convirtió en  la alternativa más empleada. De esta manera surge el valeroso grupo  del Cabo Luis Lara Crespo  en la Sierra de los Órganos. A su caída la lucha continúa bajo el mando de Francisco Pérez Fernández y Román Bosmenier Duarte.

En la provincia de Matanzas  estaba Benito Campos, conocido por Campitos. Había sido capitán del Ejército Rebelde. Su guerrilla contaba con dos docenas de hombres y una amplia red de colaboradores. Los comunistas lo llamaban El Majá, por su habilidad para eludir cercos.

En Matanzas también estaba Margarito Lanza Flores, mejor conocido como "Comandante Tondike”. Al regimen le molestaba que fuera un campesino pobre y negro. 

El  camagüeyano Mario Btavo (Jefe de guerrillas en las lomas de Chambas, Morón) fue el gran exponentes de la resistencia en el llano. Para eliminar a Bravo necesitaron movilizar a más de 20 mil milicianos. Él murió  en combate en Los Ramones, Camagüey, en junio de 1964.

Enrique Encinosa en su libro Héroes del Escambray, recoge el testimonio de Rubén Arteaga, oficial de la línea de suministros de los alzados del Frente Norte de Camagüey, quien describió a Mario Bravo, diciendo: “Estaba vestido de verde olivo y del cinto le colgaba un machete y una pistola 45. Tenía un fusil checo de esos que tenían la bayoneta calada y tenía una mochila en la espalda que estaba bastante maltrecha... Sus hombres estaban por el estilo. Unos tenían cascos, otras boinas, todos tenían las botas rejadas y todos estaban armados (...) Mario era el guerrillero más mentado en esa zona y bastante dolor de cabeza le dio a los comunistas”.

El 8 de julio de 1961, otro ex miembro del Ejército Rebelde, Arnoldo Martínez Andrade, armado de un FAL belga tomó el poblado de Río.  Luego se atrincheró en las montañas con un grupo  de alrededor de 70 combatientes que operaban entre Camagüey y Las Villas.

El gobierno se vio obligado a movilizar El Quinto Cuerpo del Ejército de Camagüey que contaba con aproximadamente 30 mil hombres dirigidos por el Comandante Demetrio Monseney Villa.

Todos los jefes guerrilleros de Camagüey, los hermanos Martínez Andrade, Floro Camacho, Frías Brunet, El Loco López, y Mario Bravo hoy descansan en tumbas anónimas en suelo cubano.

Sin embargo la resistencia más peligrosa para el gobierno y que estuvo a punto de dar al traste con el proyecto comunista fueron los alzados del Escambray.  Dirigidos por  Osvaldo Ramírez, quien antes de ser el jefe del grupo guerrillero, fue capitán del Ejército Rebelde y Jefe de Puesto de Caracusey, de donde se alzó con sus hombres.  

La primera estrategia  del régimen fue poner jovenes en la zona del  conflicto con la excusa de alfabetizar campesinos. De esta manera cada vez que algún alfabetizador caía bajo la metralla cruzada lo exhibía  como una víctima de los alzados.

Posteriormente sacaron a todos los campesinos con sus familias y los concentraron en caseríos improvisados y jamás les permitieron regresar a sus antiguas propiedades. La idea era cortar todo tipo de ayuda a los insurgentes. Debido a que la  inmensa mayoría de los alzados eran simples campesinos. A esto debemos añadir que  los abastecimientos norteamericanos prometidos  fueron pocos y mal organizados y dejaron a las fuerzas insurgentes sin apoyo logístico. 

Se hizo muy difícil al final la supervivencia de los diferentes grupos de guerrilleros dentro del Escambray; tenían que enfrentar el constante acoso  enemigo  y un desabastecimiento que rayaba en la crueldad. Mientras que el régimen se encargaba de forjar una leyenda: “son bandidos” que  solo esperan una invasión de los marines yankis. 

Finalizada la lucha guerrillera contra el gobierno  comunista las conspiraciones continuaron en las ciudades pero sin una articulación nacional. En diferentes pueblos se organizaban grupos pequeños que conspiraban de manera muy rudimentaria. Por su parte el gobierno no frenó los fusilamientos y cada noche se hacían juicios exprés en plazas públicas y teatros para que la gente viera que quien se enfrentara a los Castro terminaba  frente a un  pelotón.

Cabe destacar que en medio de estas luchas interminables muchos funcionarios del régimen daban un paso al lado asumiendo una posición contestataria. Algunos como el comandante Huber Matos lo hicieron en el mismo 1959.  Todos tuvieron  que pagar un alto costo por sus renuncias.

Los métodos de lucha dentro de Cuba cambian radicalmente con la llegada del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) que funda Ricardo Bofill  el 28 de enero de 1976 junto a Adolfo Rivero Caro, Elizardo Sánchez Santacruz, Edmigio López Castillo y Enrique Hernández Méndez, con el apoyo de Marta Frayde. Ellos plantean la denuncia contra el régimen como principal herramienta y el activismo pacífico. 

A su vez en el exilio no se detienen las movilizaciones y la búsqueda de apoyo para enfrentar a la dictadura. Destaca en este sentido La Fundación Nacional Cubano Americana. Una organización establecida en Florida en 1981 por Jorge Mas Canosa y Raúl Masvidal, junto a numerosos miembros en Estados Unidos y otros países.

En 1998 nace el Proyecto Varela. Un proyecto de ley ideado y dirigido por el activista político cubano Oswaldo Payá, que abogaba por reformas políticas en Cuba a favor de mayores libertades individuales. El nombre del proyecto se eligió en honor a Félix Varela, un líder religioso cubano de principios del siglo XIX.

Si algo no ha cambiado en todo este tiempo en el libreto comunista  es la forma que han sido  injuriados y desacreditados por la tiranía sus enemigos políticos. Insultos que van desde catalogarlos de traidores  a la patria hasta mercenarios del imperialismo yankee, pasando por  terroristas  y agentes de la CIA.

Hoy el gobierno, después de más de 60 años en el poder, tiene que enfrentar a los amantes de la libertad bajo la dinámica  de la tecnología. Y cada mosca que se mueve en la isla puede ser visualizada en el mundo entero a través de las redes sociales. Ya no pueden silenciar como en el pasado todas las barbaries del régimen. Y es a partir de este mecanismo que  podemos conocer  la resistencia de los jóvenes que forman parte del Proyecto San Isidro. 

Un movimiento que agrupa a jóvenes artistas, periodistas independientes, académicos, y que se han organizado  para oponerse al gobierno de la isla sin estridencia, pacíficamente. Pero con la misma firmeza de los anteriormente mencionados. Es la continuidad de todo lo expuesto, pero adaptado a los nuevos tiempos que soplan en el mundo. 

Luis Manuel Otero Alcántara es la persona que lleva la responsabilidad de dirigir el grupo, aunque trabajan más bien en equipo. Tiene 32 años. Es un artista que cuenta con una trayectoria artística avalada internacionalmente y con una obra cargada de aspectos sociales.

Entre quienes lo acompañan  se encuentran  Anamely Ramos González (crítica  de arte,  investigadora y profesora),   Katherine Bisquet (poeta),  Iliana Hernández (periodista), Oscar Antonio Casanella  (bioquímico), entre otros.

 San Isidro ya se ha convertido en una referencia para otros jóvenes en Cuba. Una señal  obligada para precipitar la libertad. Y por supuesto, gozan del respaldo de todos los amantes de la democracia. Además de ser un orgullo para quienes también un día (lejano ya) enfrentamos el régimen. 

Lo que no se puede  aceptar es que se diga que los cubanos han vivido dormidos ante la tragedia de la isla y que han despertado ahora con la heroicidad de San isidro. Porque no es así. Cuba siempre ha tenido quien la defienda. Hay demasiados muertos que lo avalan. Aunque desgraciadamente, la suerte no ha estado de nuestro lado. 

Desde cualquier punto de vista de la historia o de la historiografía, los síntomas de ese presentismo que aparece en San Isidro ya se han mostrado en el pasado; en el valor,  en la patrimonialización de nuestra  cultura y en el auge de la memoria.

Es imperativo reconocer etapas anteriores en esa marcha ascendente, para iluminar los acontecimientos que cobrarán  nueva significación y se  transforman en anticipos del desenvolvimiento histórico de la nación.