Sexo mata perfil

Imagen
  Vivimos en una era donde  el cuerpo y la  belleza han multiplicado el valor económico. Por esto, las que más muestran,  ganan más.  No importa el perfil: lo más importante es la foto.  Todo se simplifica  a seguir  criterios visuales. De esta manera  la apariencia física y el atractivo sexual son decisivos en el actual modelo económico.  No es exagerado pensar que el sexo y el exhibicionismo hoy pueden llegar a crear  desigualdades sociales. Tanto luces, tanto vales.  

2021 versos

2021 versos

“Las serpientes eran tan venenosas, que su mirada mataba.  De ahí que el héroe Iskander pudiera gastarles la broma terrible  de echar espejos en el Valle para que las culebras se miraran  en ellos y se ocasionaran la muerte”.  Simbad el marino.( Nombre del  protagonista un cuento tradicional árabe originario del Medio Oriente)

Cuando decidí escribir un libro de  poemas,  aunque no soy dado a las predicciones, visité a una astróloga aficionada para calcular las posibilidades de éxito.  Me recibió en su casa y fue muy gentil. 


 Nos sentamos  en un  pequeño diván, me pidió la fecha de nacimiento, sacó un compás, un manojo de mapas, calculó, miró por  aquí, por allá,  y al cabo de varios minutos me dijo:


— La posición de Saturno te favorece. Tus poemas están destinados al éxito. Te felicito poeta.


 Sus palabras me hicieron sentir muy  feliz. Yo soñaba con ser reconocido como poeta. Sin embargo, los resultados fueron muy distintos. Mis poemas no los lee casi nadie.  Hasta  a mi me aburren las extenuantes confesiones. Y pensar que me ilusioné tanto con ciertos premiecillos, ciertos elogios.


  Debo aceptar que así como no es fácil inflar a un perro (esto es una frase cervantina, no una vulgaridad mía) tampoco es fácil motivar a la gente a leer poemas. Mucho menos en estos tiempos. Uno los exhibe y da por descontado que lo leerán, pero no ocurre. Como en ciertas novelas francesas donde uno supone que el crimen está resuelto, pero que por alguna razón no es posible meter al asesino en la cárcel.


   La ansiedad por la poesía me acompaña desde niño. Recuerdo que en mi pueblo había una tienda que tenía en su decoración un plumín; esos que imitan la función de la pluma y es usado para entintar superficies, escribir o dibujar. Estaba elegantemente situado encima de una vitrina. Era de plata, con muchos pliegues y brillaba. Era mi Faro de Alejandría.


 Y los domingos, cuando la familia salía a mirar vidriera, (un ritual obligatorio) yo

les pedía a mis padres que empezáramos por el plumín. Porque yo, en mi

ingenuidad, secretamente, cuando estaba allí, tenía la convicción que con él

podía escribirse los mejores temas del mundo. Ya en ese tiempo yo me sabía los

versos sencillos y otras cositas de Martí.


Mírame, madre y por tu amor no llores / Si esclavo de mi edad y mis doctrinas / Tu mártir corazón llené de espinas / Piensa que nacen entre espinas flores”. <J.M.>


Cuando tenía once años un enamorado de mi hermana le regaló el día de su cumpleaños un perfume, una flor y un librito de poemas de José Ángel Buesa. ¡Qué época tan romántica! Yo aprendí de memoria varios de ellos.  Buesa fue mi primer héroe. Gracias a él  logré hacer un soneto sin tener aún conocimientos sobre  Arte Menor o Mayor.  


Mi corazón, un día / soñó un sueño sonoro/ en un fugaz anhelo de gloria y de poder/

Subió la escalinata de un palacio de oro / y quiso abrir las puertas... Pero no pudo ser/. (JAB)


Después tropecé con Verlaine, Paz, Whitman, Dámaso Alonso, Emily Dickinson y pensaba que había descubierto el universo. Ellos también ingresaron  a la lista de mis héroes. 


Entre irse y quedarse duda el día, /enamorado de su transparencia./La tarde circular es ya bahía: en su quieto vaivén se mece el mundo./ Todo es visible y todo es elusivo,/ todo está cerca y todo es intocable/. (O.P.)


Muchas personas no tienen idea de lo que pasa un poeta cuando rima.  Imagina  que es un tipo soñoliento, con lentes gruesos,  que se sienta en un parque solitario o en el tronco de un árbol caído, mirando volar las moscas y, que de repente, se le prende la musa y escribe un poema. Y no es así. Ni remotamente.


El poeta necesita sortear obstáculos, esquivarlos, manosearlo de muchas maneras hasta que escribe algo.  Luego relee, bifurca, tacha, elimina, vuelve a escribir, hasta que los versos adquieren unidad de tono, ritmo e imágenes. Buscando siempre la palabra no dicha y acaso indecible. Teniendo en cuenta que a la mitad del poema casi siempre le sobrecoge un gran desamparo.


  En la mayoría de los casos está obligado a asomarse al abismo que esconde dentro, aunque no lo mencione. Incluso, debe salir hacia adentro en busca de la ocurrencia. Pues aunque escribe a solas, algo o alguien participa en la actividad y la hace doblemente difícil. 


Algo que no ocurre con la prosa. Porque como  decía Oscar Wilde,  para escribir solo existen dos reglas: “tener algo que decir y decirlo”. En cambio la poesía es diferente. Ella exige vaciarse en cada verso, en cada palabra, en cada letra.




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