El odio entre mi padre y yo

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Si notan que escribo con una expresión atropellada y confusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden a mis dolores y no al lenguaje, es por el odio infinito que siento por mi padre.  Él surge en mi mente como una visión oscura, como una influencia opresora, como un enemigo, como una visión adelantada de la muerte. Y aunque llevo muchos años sin verlo, las aflicciones permanecen intactas. Ninguno de mis rencores han abandonado la trinchera. Eso sí, he logrado  con el tiempo edificar mi propia venganza. Como el pelotón de un sórdido cuartel que tiene sobradas razones para eliminar al adversario.   Si he decidido contar esta experiencia es porque el último barco que podía rescatarme del tormento del odio  ha ido pasando de largo sin advertir señales de perdón. Por su culpa he sopesado inclusive la opción de terminar con mi vida. Sin embargo,  me apego a  cualquier elemento aparentemente esperanzador, por muy pequeño que sea, para continuar el viaje.  Soy como la roca que vegeta

Magda Goebbels y Adolfo Hitller

Magda Goeggels


Las calles de Berlín estaban desiertas el 22 de abril de 1945. A veces se veían pequeños grupos de soldados tratando de escapar de la metralla, pero no civiles. La derrota de Alemania era cada vez más inminente. En medio de la refriega Magda Goebbels se abría paso con sus 6 hijos buscando la forma de llegar al Führerbunker. Su esposo Joseph, ministro de Propaganda del Tercer Reich, llevaba varios días acompañando a Hitler en aquellos momentos estelares. 

Apenas llegó el líder alemán le dio una orden:

— Magda, acabo de hablar con Goebbels. Todo está preparado. Hay un avión disponible para que ustedes escapen con sus hijos.


— ¿Y tú?


—Eva Braun y yo nos quedaremos. He dado instrucciones para que de nosotros no quede ni la ceniza. Los judíos y los comunistas no se saldrán con la suya.


— No me pidas eso. Tú sabes que si decides morir yo lo haré contigo.


— No Magda, la familia Goebbels debe salvarse. Aprecio tu lealtad, pero he dispuesto que se vayan.


Hitler dio por terminado el diálogo. Magda lo llamó dos veces pero fue en vano. El líder alemán ni siquiera se detuvo a saludar a los niños que jugaban con su perro Blondi en el salón.


Algunos historiadores se refieren a la relación personal entre Adolfo Hitler y Magda Goebbels con cierta suspicacia . Insinuando que la amistad entre ambos rebasaba los límites. El historiador Peter Longerich, cuando se refiere en su biografía a la relación, lo hace en los siguientes términos:

 — “La he descrito como un triángulo, sin especular sobre el elemento sexual. Me parece fascinante hasta qué punto Goebbels permitió a Hitler convertirse en parte de su familia y cómo le dejó tomar decisiones básicas que concernían a su vida privada


Parte de ese gran cariño de los Goebbels estaba reflejado en los nombres de sus 6 hijos. Todos comenzaban con la letra "H" para honrar el apellido del Führer: Helga Susanne, Hildegard "Hilde" Traudel, Helmut Christian, Holdine "Holde" Kathrin, Hedwig "Hedda" Johanna y Heidrun "Heide" Elisabeth.


  De cierto modo nadie gozaba de tanta confianza con el Führer como Magda. Posiblemente ni su esposa Eva Braun. Mucho menos Joseph Goebbels a pesar de formar parte de sus allegados.


 Cabe recordar que Los Goebbels se casaron bajo su influencia en 1930, a pesar de las diferencias religiosas. Magda era divorciada y protestante. Goebbels había sido criado bajo los estándares de la religión católica.


 La insistencia de Hitler para que huyera la familia Goebbels no surtió efecto y todos se quedaron en el Búnker hasta el final. Y cuando Hitler decide quitarse la vida ellos hacen lo propio. Magda dejó inconscientes a los niños con somníferos y luego los envenenó.


Por su parte Joseph Goebbels se disparó mientras ella ponía fin a su vida de acuerdo a la versión más generalizada. Aunque hay quienes aseguran que ambos se dispararon mutuamente.


Existe un libro,  “Los hijos del ministro del Reich”, que narra el testimonio de la señora Käthe Hübner, niñera de la familia Goebbels.  Ella  estuvo entre 1943 y 1945 al cuidado de los seis hijos. 


Algunos extractos fueron publicados en el diario Bild Zeitung. El argumento fue escrito por Petra Fohrmann quien entre otras cosas señala:


“El Führer desconfiaba de todo el mundo. Temía tanto Hitler un envenenamiento que incluso en sus visitas a la casa de su fiel ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, llevaba un termo con el té que bebía”.


De esta manera contradice a los  testigos que aseguran que Hitler comió muchas veces alimentos cocinados por Magda. Incluso algunos han dicho que los últimos espaguetis que comió el Führer lo cocinó ella.


 También se habla de una carta de despedida que Magda le escribe a su hijo del primer matrimonio  el 28 de abril de 1945, Harald Quandt, en la que explica:


"No merece la pena vivir el mundo que viene detrás del Führer. Por eso también he tomado a los niños, porque sería dolorosa la vida que llevarían después de nosotros. Un Dios misericordioso me comprenderá cuando yo misma les dé la salvación".


 Käthe Hübner comenta al respecto:


“Ella creía en la reencarnación y que los niños tendrían después una vida más hermosa".



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