El odio entre mi padre y yo

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Si notan que escribo con una expresión atropellada y confusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden a mis dolores y no al lenguaje, es por el odio infinito que siento por mi padre.  Él surge en mi mente como una visión oscura, como una influencia opresora, como un enemigo, como una visión adelantada de la muerte. Y aunque llevo muchos años sin verlo, las aflicciones permanecen intactas. Ninguno de mis rencores han abandonado la trinchera. Eso sí, he logrado  con el tiempo edificar mi propia venganza. Como el pelotón de un sórdido cuartel que tiene sobradas razones para eliminar al adversario.   Si he decidido contar esta experiencia es porque el último barco que podía rescatarme del tormento del odio  ha ido pasando de largo sin advertir señales de perdón. Por su culpa he sopesado inclusive la opción de terminar con mi vida. Sin embargo,  me apego a  cualquier elemento aparentemente esperanzador, por muy pequeño que sea, para continuar el viaje.  Soy como la roca que vegeta

La mafia de New York no ha muerto


Muchos pensaron, equivocadamente, que cuando cayó John Gotti en New York la mafia comenzaría a desaparecer. Craso error. Porque su caída solo sirvió para cambiar el estilo de operar. Nada más.

¿Quién era Gotti?


Sin dudas, Gotti  ha sido el hombre más influyente del bajo  mundo. Él gran  jefe del clan de los Gambino y la persona mejor relacionada en el ámbito social.  Una figura  legendaria de la mafia de Nueva York; al punto, de ser  cotejado con Al Capone.  No obstante, su arrogancia lo llevó al ocaso gris.


La prensa lo llamaba Dapper.  Le encantaba usar trajes y corbatas carísimas. Procedía como una estrella de  cine, una luminaria. Llegó a ser un gángster a la medida de los paparazzi. Figurante,  egocéntrico, intrépido, jugador, mujeriego.


 Gotti  compraba jurados y policías. Así logró salir indemne de tres juicios. Y por esa  extraña costumbre  de glorificar a los  delincuentes, la revista  Time lo llevó en una ocasión a su portada.

  Era hijo de una familia de napolitanos pobres. Nació en el Bronx y sus andanzas comenzaron   desde la adolescencia; haciéndole mandados a Carmine Fatico,  un capo del barrio de East New York. 

John  Gotti
Fue a la cárcel por primera vez en 1968  cuando se encargó de vengar el crimen de un sobrino de Carlo Gambino. Esa  vez recibió 4 años de prisión que le sirvieron para compartir con  Aniello Dellacroce, un viejo amigo del  fundador de la “familia”.  Gambino es el personaje   que, en la película El Padrino, lo llaman "Don Corleone".


El gran salto  hacia el “estrellato” de la mafia de John  Gotti ocurre  un  lunes 16 de diciembre de 1985 debido a un hecho insólito e inesperado en la calle 46 a la altura de la Avenida 3. Como quien va rumbo a las Naciones Unidas. 


Esa tarde la gente pasaba a toda prisa.  Nadie imaginaba el espectáculo que iba a suceder. Sin embargo, el ambiente ya estaba listo para la gran cacería. 


Tres hombres vestidos con gabardinas esperaban el coche de Paul Castellano, mejor conocido como "Big Pauly", el gran jefe de mafia que como de costumbre venía al Sparks Steak House de Manhattan a degustar sus pastas y el champagne. 


Estos señores que esperaban con armas semiautomáticas escondidas en bolsas plásticas y cubiertos con gafas oscuras obedecían órdenes de  John  Gotti.


Cuando asomó la lujosa limosina negra los tres sujetos intercambiaron miradas. Uno de ellos movió la cabeza afirmativamente y se aproximaron al famoso restaurante. 


  “Big Paul” Castellano bajó del coche con un puro en su mano derecha. Sonriente. Vestía un elegante traje azul oscuro de mohair y en los puños de su camisa el reflejo de unos gemelos italianos de oro 25. 

La mafia de New York
  “Big Paul” Castellano

Intentó saludar al portero pero los cazadores no le dieron tiempo. El fuego lo dejó  tendido en la acera. Boca arriba.  Con la cabeza apoyada en el asiento del auto. Su chófer y uno de los ayudantes, corrieron con la misma suerte. La lluvia de disparos puso a correr a más de uno. 


Los autores huyeron en un coche  amparados en la confusión. El atentado al jefe de la mafia Paul “Big” Castellano se había ejecutado perfectamente. A partir de ese momento John Gotti toma las riendas de la organización y ocurre un cambio radical en el funcionamiento de la mafia en New York.


Paul Castellano estaba siendo juzgado por un tribunal de Manhattan por robo de automóviles de lujo que luego  vendía en el Oriente Medio. No obstante, sus abogados estaban confiados en que las cosas iban a salir bien como siempre. 


 Castellano era carnicero de profesión. Su aspecto de afable comerciante distaba de su verdadera posición social: el hombre más poderoso de la Mafia en Nueva York. Y contrario a su sucesor nunca buscaba publicidad.

La muerte de Paul Castellano


Gotti, al tomar las riendas de la “familia”,  amplió de inmediato los negocios y abarcó  la industria de la carne, la construcción, los sindicatos, los  restaurantes y las joyerías. Remodeló los casinos y extendió la organización hacia nuevos estados. 


La policía, que le seguía los pasos día y noche, logró algunas grabaciones que comprometían  a la organización. Por eso en diciembre de 1990 una patrulla del  FBI detuvo a los principales capos de la “familia”. 


Durante la instrucción,  Gravano,  uno de los  prominentes jefes decidió cooperar a cambio de beneficios y  fue relatando uno a uno todos los crímenes en los que había  participado Gotti. 


El destacado capo fue condenado a cadena perpetua y llevado al penal de Springfield. Tenía 51 años de edad. 


Allí estuvo durante casi diez años aislado 23 horas al día, fumando y leyendo periódicos. Hasta que murió  consumido por un cáncer de  garganta a los 61 años. 


Su funeral fue espectacular. Al ataúd de bronce macizo le siguió una caravana de más de cien coches y limusinas que se desplazó  desde su casa de Queens hasta el cementerio. 


Después, cuando muchos consideraron desarticulada la banda,  vino la gran  sorpresa con aquella gigantesca cacería en 2011 donde participaron más de  800 agentes del FBI. Se trató de la operación más importante jamás realizada  en un solo día. Las acusaciones incluyeron extorsión, blanqueo de dinero, apuestas clandestinas y chantaje relacionado con la industria de la  construcción y portuaria. 

La mafia de New York
Luigi Manocchio

La policía  estima que después de la caída de Gotti las actividades continuaron  controladas por las cinco familias de la mafia italiana en Nueva York, pero cada una por su lado. 


En esta ofensiva  el arresto más significativo fue  el de Luigi Manocchio, alias Baby Shanks, de Nueva Inglaterra, quien fuese  arrestado en  Fort Lauderdale, Florida y acusado de recolectar el pago de  protección que la mafia exige a propietarios de clubes de desnudo en Estados   Unidos. 


A pesar de tantos  arrestos, existen documentos oficiales de la fiscalía que  admiten que el gobierno aún no logra contrarrestar el control que la mafia ejerce en los  sindicatos. Sobre todo en la rama de la construcción y los  puertos marítimos.  Además de los casinos que nunca han abandonado. 


El  cambio de estilo tiene su fundamento en tratar de evadir la férrea competencia de otras bandas nacientes como las rusas y las  chinas. 


Mientras que la policía continúa utilizando su  arma favorita en la guerra contra las familias de la mafia: recibir información de los miembros que sirven de  informantes y que posteriormente ejercen como testigos. 


Sin embargo, nadie duda que  las Cinco Familias de la Mafia de Nueva York   se encuentran activas y renovadas. Incluso, con cierta ascendencia dentro de la política.


La mayoría de los turistas nostálgicos con las historias de la mafia continúan  pasando por Little Italy, el barrio predilecto de la  mafia neoyorkina, tratando de adivinar entre los transeúntes  algún rostro  glorificado en el mundo cinematográfico. 


Ellos saben que  la muerte   John Gotti, jefe del clan de los Gambino,  ni  la caída en 2011 de  127 presuntos miembros de las familias Genovese, Gambino,  Lucchese, Colombo y  Bonanno en Nueva York,  Nueva Jersey y Rhode Island  han detenido el trabajo de la organización.   Pues la estructura continúa intacta.  Solo ha variado el estilo. Aunque con menos intensidad y exhibición. 

Carlo Gambino

Eric Frattini, prestigioso periodista de investigación, explica en uno de sus libros que la poderosa mafia italoamericana ya no marca sus fronteras en las calles de barrios como Queens, Brooklyn, Harlem o Manhattan. Lo hace a través de otras  organizaciones pues  la Cosa Nostra ya no vive en su época dorada. 


Frattini asegura que aunque  los nuevos  jefes de las actuales “familias” están siempre vigilados y su  poder está en declive constante,  no  han desaparecido. 


Los mafiosos italianos están bajo mínimos - dice - pero una de sus características es que siempre sobreviven. 


Parafraseando  a Michael Corleone: “Cuando crean que están fuera, les volverán a meter dentro”.


Recordemos que si algo domina la organización  es el silencio. De ahí que la  mafia italoamericana haya permanecido en secreto más o menos hasta 1950, cuando se creó la primera comisión de investigación del Senado, llamada Kefauver.


 Algo que no frenó, en todo caso, las oleadas de mafiosos sicilianos, que durante todo el siglo XX siguieron engrosando las filas de sus parientes estadounidenses. 


Mientras algunos se fugaban de la justicia italiana, otros se autoexiliarse para evitar las venganzas de clanes rivales, como también recuerda el historiador Salvatore Lupo, especialista en la mafia y profesor de la Universidad de Palermo.


Kieran Ramsey, jefe del FBI en el país transalpino, en una reunión sorprendió a los asistentes de un encuentro  en Roma por la Dirección Central contra el crimen de Italia cuando afirmó que hay 3.000 criminales de la mafia tan solo en el área metropolitana de Nueva York. 


Más allá de las cifras - que son una estimación porque no hay datos precisos sobre el crimen organizado -, las autoridades están preocupadas por el poderío de los clanes estadounidenses de la mafia y el histórico carácter transnacional en la actualidad.


Una realidad que surgió en el siglo XIX, cuando miles de inmigrantes italianos empobrecidos emigraron a Estados Unidos (EEUU) y un puñado de ellos —Giuseppe Esposito, de la familia Genovese y extraditado a Italia en 1881, fue el primer jefe de la mafia— montaron sus propias bandas. De manera tal que, esta es una historia que nunca tendrá fin.