El odio entre mi padre y yo

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Si notan que escribo con una expresión atropellada y confusa, en la cual los retazos de oraciones corresponden a mis dolores y no al lenguaje, es por el odio infinito que siento por mi padre.  Él surge en mi mente como una visión oscura, como una influencia opresora, como un enemigo, como una visión adelantada de la muerte. Y aunque llevo muchos años sin verlo, las aflicciones permanecen intactas. Ninguno de mis rencores han abandonado la trinchera. Eso sí, he logrado  con el tiempo edificar mi propia venganza. Como el pelotón de un sórdido cuartel que tiene sobradas razones para eliminar al adversario.   Si he decidido contar esta experiencia es porque el último barco que podía rescatarme del tormento del odio  ha ido pasando de largo sin advertir señales de perdón. Por su culpa he sopesado inclusive la opción de terminar con mi vida. Sin embargo,  me apego a  cualquier elemento aparentemente esperanzador, por muy pequeño que sea, para continuar el viaje.  Soy como la roca que vegeta

El comandante desaparecido


Camilo Cienfuegos viajó a Estados Unidos en 1953 buscando nuevos horizontes. Hoy diríamos, persiguiendo el sueño americano. Su mejor amigo lo acompañó en la aventura. Ambos rondaban los veinte años de edad. La embajada americana les otorgó un permiso por veintinueve días.

Apenas pisaron tierra estadounidense Camilo empezó a trabajar. Hizo diferentes labores en Chicago y Nueva York hasta que posteriormente se asentó en California.  Sin embargo allí, cuando menos lo esperaba, fue  arrestado por las autoridades de migración. Tenía el permiso vencido.  Estuvo 39 días en custodia y fue devuelto a Cuba.

Durante el tiempo que estuvo en San Francisco mantuvo una relación sentimental con  la salvadoreña Isabel Blondón. Una enfermera naturalizada norteamericana. Y apenas lo deportaron, la señora viajó a La Habana y se casaron. 

La boda le facilitó el reingreso por estar casado con una estadounidense. El 5 de marzo de 1956 arribó de nuevo a Estados Unidos, pero esta vez, con visa de residente.


La relación con la salvadoreña no funcionó y decidieron separarse el 19 de septiembre de 1956. Él se trasladó a México. Ella decide permanecer en San Francisco.

La separación le permitió a Camilo unirse al grupo que Fidel Castro preparaba en México para desembarcar en Cuba. Él  formó parte de los  82 expedicionarios del Granma que arribaron a las costas cubanas  el 2 de diciembre de 1956.

Cuentan que durante la lucha guerrillera en la Sierra Maestra Camilo Cienfuegos fue el combatiente más destacado. Lo distinguieron  rápidamente con el grado de capitán. Luego Fidel lo ascendió a comandante;  y casi de inmediato, lo nombró jefe de la columna invasora número 2. Su misión era  llevar la guerra hacia el Occidente de Cuba, coordinando el avance con la columna N° 8  al mando de Ernesto Che Guevara.


Cienfuegos se consagra como líder guerrillero en la famosa batalla de Yaguajay,  en la provincia de Las Villas. Allí logró doblegar la resistencia de la guarnición del ejército que contaba con más de 350 efectivos bien armados.  Este golpe fue decisivo en la lucha contra las fuerzas de Fulgencio Batista. La batalla le granjeó el sobrenombre de “El Héroe de Yaguajay”.


Al triunfar la revolución Fidel lo nombra jefe del Ejército Rebelde.  Sin embargo, la nueva posición le trajo enemistad con otros jefes guerrilleros. El más significativo: Raúl Castro. Pues desde el principio el hermano del líder buscaba, afanosamente, el control de las tropas.


Otra causa que aumentó los problemas  entre Camilo Cienfuegos y  Raúl Castro fue la infiltración  comunista en las filas del ejército. Pues, el señor, sin consultarle, se tomó la atribución de ir subiendo de rango a ciertos militares identificados con el viejo Partido Socialista de Cuba  que carecían de  “méritos revolucionarios”.


Camilo, enojado,  trató en más de una ocasión el tema con Fidel. Pero su enojo siempre  era inteligentemente calmado con frases azucaradas:


— “Tú sabes que nunca estuve de acuerdo con el Che ni con Raúl”


— “Tú sabes que muchas veces los desautoricé públicamente”


— Tú eres mi hombre de confianza Camilo.


Sin embargo, cuando él  estaba ausente, Fidel lo desmeritaba:


— Camilo no es un hombre de libros, ni de pensamiento, ni de estudios, aunque tiene valor.


En el fondo, Camilo Cienfuegos nunca fue del agrado de Fidel. Lo dicen sus propios allegados. Camilo era alegre, dicharachero, simpático, recitaba poemas y le encantaba el baile. Algo que para Castro era como una congoja. Posiblemente no existe nada que le fastidiara tanto a Fidel como el baile y la poesía. Nadie ha explicado nunca por qué el líder cubano odiaba tanto el arte.


La primera gran sorpresa para Camilo llegó el 16 de octubre de 1959. Fidel Castro, sin hablar con él previamente, creó el Ministerio de las Fuerzas Armadas y al frente colocó a su hermano Raúl. Lo cual dejó a Camilo prácticamente sin responsabilidad y hasta cierto punto, humillado.


Irónicamente, el primer paso de Raúl como ministro de las Fuerzas Armadas fue mandar a pelar y afeitar a los viejos miembros (amigos) de la columna del comandante Camilo Cienfuegos. Además, los fue separando. Cada uno tuvo que regresar a su pueblo natal. Y lo más grave, lo hizo  sin consultarle a nadie.


Aquella fue la gota que rebasó la copa. Existen testigos que oyeron la discusión. Dicen que cuando Camilo le pidió cuentas  Raúl comenzó a gritarle y se dijeron de todo. Hasta intentaron desenfundar las armas. Posteriormente Fidel se ocupó del apaciguamiento.


Ya con anterioridad habían tenido un fuerte agarrón. Camilo había invitado a varias amistades a una fiesta en el Havana Hilton y  Raúl irrumpió violentamente para decirle que no podía malgastar el dinero del gobierno en pachangas. Camilo reaccionó con agresividad y los escoltas debieron intervenir.


Dieciséis días más tarde de la discusión, a las seis y un minuto del  28 de octubre  de 1959, Camilo despegó del aeropuerto de Camagüey en un Cessna 310 rumbo a  La Habana. La nave iba pilotada por el oficial rebelde Luciano Fariñas.


Coincidentemente, y a esa misma hora, alzó vuelo  un SEA FURY (caza de fabricación británico) de la Fuerza Aérea Cubana con su cañón desenfundado — según declaraciones del propio gobierno —   conducido por el piloto personal de Raúl Castro. El dato fue obtenido por una cinta magnética de cuatro minutos de duración grabada en el aeropuerto.


Ambos aviones se perdieron por la misma ruta y a la misma hora. Sin embargo, el caza realizó sin problemas su recorrido mientras que  el Cessna desapareció. Ni siquiera el sombrero del comandante  Camilo Cienfuegos — que debió flotar en el mar — fue encontrado en la afanosa  búsqueda que el gobierno llevó a cabo.


Este hecho, aparentemente casual, despertó muchas suspicacias.  Debido a que Castro, en su maratónica comparecencia debió llamar a declarar al piloto del caza y no lo hizo. En tanto que otros aviadores ajenos a las circunstancias, se explayaron ante el micrófono.


Otro punto controversial es cuando Castro contraviene  al Observatorio Nacional de Cuba. Él aseguró que la “desaparición”  de Camilo se debió a un “mal tiempo”; mientras que el reporte del Observatorio señalaba  todo lo contrario.


Ante la confusión de un sector importante de la sociedad y del propio gobierno, el comandante Cristino Naranjo, amigo personal de Camilo y miembro de su columna guerrillera, decidió hacer una investigación por su cuenta. Al parecer, el importante militar tenía suficientes razones para escudriñar en la muerte de su jefe.


Pero a los pocos días fue baleado a la entrada del Campamento de Columbia por un error de los militares que cuidaban la entrada. No lo reconocieron — según el informe del gobierno — y las ametralladoras se ocuparon de identificarlo.   


Después de este incidente, ningún otro oficial ha decidido hurgar en el asunto, y cada aniversario de su muerte, todos acuden silenciosos a lanzar una  flor al mar en honor al  “El Héroe de Yaguajay”.


En lo personal, estuve mucho tiempo asaltado por las dudas. Sin embargo, en una ocasión que trasladaba en mi auto al Comandante Huber Matos de Caracas a  Maiquetía le toqué el tema. 


Yo sabía que él había tenido una gran amistad con Camilo Cienfuegos y que, incluso, cambiaban  impresiones del nuevo rumbo de la Revolución.  Para mi sorpresa su resumen fue enfático y preciso, después de una sólida argumentación:


  • A Camilo lo mandó a matar Fidel Castro.