Una vaquita cubana

Esta es la historia de un vaquita en Cuba. Un animal que con su muerte ejemplificó hasta dónde podía llegar la sumisión, el miedo y la inmovilidad espiritual; en una época en donde nadie se atrevía, aún convencido de su verdad, contradecir las orientaciones emanadas del omnipotente líder. 

Forma parte del carnaval de locuras en la isla. Como la siembra de café caturra en La Habana, la construcción de trincheras para la defensa contra un ataque que no ocurriría o el relleno de la Ciénaga de Zapata.  

Dentro de las muchas aficiones científicas del comandante — que no eran pocas porque llegó a saber de todo y mucho — se encontraba la ganadería. Ahí también garrapateó su huella. 

En este sector apostó por combinar razas de ganado. Su apuesta más significativa fue mezclar la raza Holstein, de alta productividad de leche, con la Cebú, una excelente productora de carne. Buscando una nueva categoría que produjera lo mismo, pero en una sola res. El ensayo jamás se había intentado en otro país. 

Como la provincia de Camagüey ha sido siempre la más ganadera de la isla, allí estableció su cuartel general. Cabe destacar que durante la época republicana, Cuba aumentó considerablemente la producción de carne y de leche; al punto de abastecer la demanda nacional, gracias a esta región.

Con el fin de llevar adelante su ensayo Castro movilizó a medio mundo. Se crearon granjas especiales de crecimiento, se importaron miles de novillas, sementales y semen congelado. Además, inventó un exclusivo sistema de vaquerías dotadas con aire acondicionado en la cabeza de la rez. Y por si fuera poco fundó un instituto tecnológico solamente para formar técnicos en inseminación artificial y paralizó cualquier proyecto que no estuviese vinculado al mundo de las vaquitas. Fue una revolución dentro de la otra.

Cuando dejabas de ver a un conocido por un tiempo y preguntabas por él, la familia con gran orgullo te decía:

— Manolito está de lo más bien. El mes que viene se gradúa de técnico.

— ¿De técnico?

— Sí, estudia inseminación artificial.

Pero en plena efervescencia del delirio,, se enfermó una de aquellas vacas. El hecho ocurrió en la localidad de Santa Gertrudis, municipio de Vertientes, provincia de Camagüey.

Cuando llegó el equipo de veterinarios encontraron a la vaquita tirada sobre una superficie amarillenta de un charco con orillas arcillosas. Fuera del lugar que le correspondía. Aquello originó un informe como de 20 páginas por negligencia y motivó a la Seguridad del Estado a tomar cartas en el asunto.

El chequeo fue meticuloso. Análisis por aquí, picaditas por allá, hasta que dieron un diagnóstico: la res moriría en las próximas horas inevitablemente.

Sin embargo los técnicos explicaron que se podía consumir la res si se mataba de inmediato. Algo que se había hecho con otros animales. Estamos hablando de una época en que el ciudadano sólo tenía derecho a un cuarto del libra de carne por mes, de acuerdo a las reglas de la libreta de abastecimiento.

Pero aclararon muy bien que, después de muerta, no se debía comer como en otras ocasiones, ya que podía ocasionar severos trastornos de salud. En Cuba era normal llevar al matadero una res muerta por enfermedad y destinarla a la alimentación.

El director de la granja no lo pensó dos veces y aprobó el sacrificio de la vaquita para el consumo . Pero debía consultar con el Partido para cumplir la norma. Pues cualquier sacrificio requería autorización. Muchas personas en Cuba llegaron a recibir hasta 8 años de prisión por matar una res de su propiedad sin permiso.

Cuando llamaron al Comité Municipal del Partido de Vertientes, el secretario general se interesó por el caso.

— Compañero, ¿la vaca es nacional o importada?

— Es del grupo que vino de Canadá. — Le dijeron.

— ¿De Canadá?

— Sí.

— Entonces deben aguardar unas horas compañero. Yo debo consultarlo con la provincia. Recuerden que este lote está directamente vinculado al Comandante en jefe.

La respuesta del Partido Provincial de Camagüey fue tajante: todo lo que esté relacionado con el lote de vacas importadas de Canadá debe ser consultado directamente con el Ministro. Ellos no podían asumir una responsabilidad de esas dimensiones.

La localización del Ministro no fue fácil. Y cuando le plantearon el caso no se atrevió a dar una respuesta. Prometió responder al día siguiente. El sólo hecho que la vaquita formara parte de los planes universales de Fidel Castro hacía que cualquier dictamen apresurado fuera suicida.

Cuando Castro dio el visto bueno para el sacrificio habían pasado 18 días y la gente se quedó con las ganas de tomarse una buena sopa.



“La sabiduría inútil 
sólo se diferencia de la tontería
en que da mucho más trabajo”. 

Proverbio sueco