Cuba: un trampolín al suicidio

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  Le llamaban “Tati”. Idolatraba al “Che”. A los tres meses de estar casada con el también chileno Renato Julio inició un affair secreto con el capitán de la Seguridad del Estado cubana,  Fernández Oña. Asesor en temas de inteligencia  del presidente Allende y padre de la diputada  Maya Fernández de la Asamblea Nacional de Cuba. Su matrimonio con Renato duró menos que un grano de azúcar ante una manada de moscas. 

¿ Quién mató al general José Abrantes?

 

General Abrantes

El general Abrantes  era un hombre saludable. Mantenía un buen estado de ánimo según sus familiares. Cumplía religiosamente con una rutina de ejercicios y no existía ningún indicador que pudiera relacionarlo con la muerte. Sin embargo, el día 21 de enero de 1991 murió de un “infarto” en la cárcel de Guanajay. 

Durante tiempo Abrantes fue  el consentido de Fidel Castro. Alcanzó poderes ilimitados. Podía espiar a dirigentes del Partido o a un militar de alta graduación sin consulta previa. Incluso eliminar a un enemigo de la Revolución dentro o fuera de la isla. Pero sobre todo, mantenía un servicio de espionaje que le permitía saber  hasta donde el jején puso el huevo.

José Abrantes procedía de las filas del Partido Socialista Popular. Su ascenso a las altas esferas del gobierno ocurrió de manera  meteórica. Primero fue escolta de Fidel Castro. Posteriormente  lo hacen jefe de la misma. Y por último el ministro del interior. Desplazando a Ramiro Valdés quien ocupaba la importante posición desde 1961. 

Su ascenso se debió en parte a que se dio cuenta muy  temprano  de que Fidel Castro era el único que podía pensar o hacer juicios de valores; y que su comportamiento  debía limitarse única  y exclusivamente a la obediencia y a la sumisión. Como consecuencia de la evidente superioridad del jefe. 

Todas las mañanas se reunía  con Castro y lo consultaba todo. Desde un minúsculo chisme hasta las herramientas de terror que debía imponer.  

Además, sus fuertes vínculos con el poder  no eran solo con Castro sino también con toda su familia. Sobre todo  con Dalia Soto del Valle. Él fue el encargado de esconderla en Punta Brava mientras fue amante del jefe.

Recordemos que la relación entre Castro y Dalia comienza en octubre de 1961 en la ciudad de  Trinidad, Las Villas. durante la primera campaña de alfabetización. No obstante, como el comandante mantenía  una relación con su asistente Celia Sánchez, Dalia  tuvo que vivir en la clandestinidad hasta  enero de 1980. 

Pero cuando el general Abrantes estaba en su mejor momento, ocurre un incidente que le cambia completamente el destino. Y es a partir de ahí que su gloria se transforma en desgracia. 

Sucede al explotar la famosa causa #1 del año 1989, donde un grupo de oficiales del Ministerio del Interior dirigidos por Antonio de la Guardia, organizaba operaciones de narcotráfico hacia los Estados Unidos.

Solo entre enero de 1987 y abril de 1989 Cuba introdujo más de 6 toneladas de cocaína procedentes del Cartel de Medellín, según la propia versión del gobierno cubano. 

Antonio de la Guardia y su hermano Patricio eran dos hombres muy ligados a Abrantes. Todos dicen que eran sus sicarios preferidos. Estos  dos oficiales estaban debidamente entrenados para realizar el trabajo sucio de la dictadura; desde traficar con drogas, hasta asesinar a un desafecto del régimen. 

Algunos detalles del caso salen a la luz pública cuando Ignacio Ramonet entrevista a Fidel Castro para un libro biográfico y el escritor  le menciona el caso de Abrantes, y Castro dice.

“En cuanto al Ministro del Interior era mucho más fácil demostrar que era cómplice que demostrar que era inocente”. A este compañero yo lo conocía muy bien, pero cayó en lapsos mentales cuando se investigaba a  fondo el caso. Abrantes venía casi todos los días a mi despacho, tenía relaciones constantes con nosotros y su trabajo frente a la contrarrevolución había sido bueno y eficiente, pero desafortunadamente de forma sutil se fueron desarrollando también sus ambiciones”. 

La  violenta arremetida contra el general Abrantes comienza a raíz de un viaje que hace a La Habana Navarro Wolf, Líder del grupo colombiano M-19, con la intención de entrevistarse con Fidel Castro y ponerlo al tanto de algunos comentarios que había escuchado en Colombia.

Pero Castro no lo recibe y es atendido por varios oficiales de la Seguridad del Estado encabezados por Alejandro Ronda Marrero miembro de las Tropas Especiales.  En el encuentro Navarro cuenta que hay fuertes rumores que la gente de Pablo Escobar tenía contacto con Tony de la Guardia y que incluso un capitán cubano iba a viajar a Medellín para amarrar las operaciones. Navarro se refiere al capitán Jorge Martínez, ayudante personal del general Ochoa, quien es fusilado en dicha causa. 

Esta confesión se la pasan por escrito a Abrantes  pero el ministro no  la comenta y Castro no se entera de nada.  Sin embargo, un día el dictador   tropieza con el oficial Ronda Marrero e indaga sobre el encuentro con Navarro Wolf.

Marrero extrañado le explica que él le había hecho  un informe de la reunión  al Ministerio del Interior.  Entonces  Castro le pide una copia del documento y al verlo arde Troya.

Por esta omisión el general Abrantes fue juzgado en la causa #2 de  1989 y  condenado a 20 años de prisión.  Con tan mala suerte que  el día 21 de enero de 1991 muere de un “infarto” en la cárcel de Guanajay. Pero según los entendidos, el “ataque al corazón”  debió ser provocado pues el reo gozaba de un excelente estado de salud. Por suerte ( digo por suerte porque era un esbirro de gran magnitud)  el general tenía el deber de morir y murió.

Los expertos aseguran  que el fallecimiento fue inducido por órdenes  del propio Fidel Castro para romper su vínculo con el narcotráfico. Abrantes era la única persona capaz de probarlo jurídicamente, mientras que su muerte lo convertía automáticamente en un eslabón perdido para poder enjuiciar al dictador.

La historia demuestra que este tipo de acontecimiento en los regímenes totalitarios   permanece mucho tiempo en la penumbra y es necesario esperar varias generaciones para conocer la verdad. Como ha ocurrido con los crímenes  de Stalin, entre otros.

Por ahora lo único seguro es que los restos del general José Abrantes  se encuentran en La Necrópolis de Cristóbal Colón de La Habana; que todos los meses le cambian las flores a su tumba, y que por un deber revolucionario,   tuvo sorpresivamente que morir.